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Waves - Un momento en el tiempo

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Waves (Un momento en el tiempo, Trey Edward Shults, USA, 2019)


 
 
Sinopsis (de qué va)

Tyler (Kelvin Harrison Jr.) tiene ante sí un brillante futuro planificad, basado en el esfuerzo constante y una juventud lastrada por demasiados sacrificios. Sus deseos de llevar una vida corriente con sus compañeros universitarios y su novia se ven superados constantemente por las exigencias de su padre (Sterling K. Brown), quedando su madre y hermana en un sigiloso segundo plano de esta estructura familiar. De pronto, una serie de circunstancias naturales e imprevistas arrastraran al joven protagonista a una tensionada espiral de angustia vital de la que no logrará salir indemne, afectando también al resto de su familia.


 
Sus hechizos

· Su autenticidad, destilada en una naturaleza de realidad veraz amparada por unas interpretaciones intensas y profundas en el terreno anímico.
· Su guion, con una habilidad notable para el desarrollo de hilos esenciales en lo vital, y las catarsis que provocan en el ser humano las circunstancias que le rodean a lo largo de su trayectoria.
· Su fotografía y su edición de sonido, elementos que se revelan como fuertes pilares en la arquitectura final del proyecto.
· El inteligente virtuosismo en el manejo de la cámara, así como el uso de los distintos formatos para arrastrar al espectador hacia el potente drama y la liberación posterior.
· El optimista mensaje final, el cual otorga pleno sentido y justifica la cruda tensión que debemos soportar durante la primera hora de metraje.

   
Sus desaciertos

· Su evidente exceso de lucimiento estético en el primer tramo, con alargadas tomas donde la colorida imagen difusa reincide en recrear un frágil estado anímico que se dirige hacia la locura insensata ; a veces menos puede ser más.

 
 
Primeras impresiones

 
Atención, con grandes esperanzas derivadas de las muy notables críticas que le precedían desde sus primeros pases allá por el mes de septiembre, al fin puedo afirmar que nos encontramos ante uno de los mejores filmes del 2019, para mi gusto algo superior al notable y popular drama afectivo Marriage Story (2019) (reseña en http://www.travellingcircular.com/marriage-story.php), sobre todo en lo relativo a los contendientes que desarrollan ambos desgarros emocionales; si bien las tablas en el terreno de la interpretación son garante de mejores resultados, el mérito de la inmersión en roles tan intensos y profundos cuando no se tienen tantas referencias debe valorarse como un plus añadido. En cualquier caso, ambas son tops en un ranking su categoría.

El tercer proyecto del tejano Trey Edward Shults, tras la rompedora y emocionalmente comprometida Krisha (2015) y la amenazante y gélida It Comes at Night (2017) (reseña en https://www.travellingcircular.com/it-comes-at-night.php) logra por fin mostrar aquello que en las anteriores no conseguía afirmar discursivamente, la confianza en el ser humano y las acciones que de él se derivan, mediante una conclusión que se expresa como una verdadera loa al perdón y el amor. Sus primeros minutos son todo un alarde del virtuosismo del director con la cámara, un potente lazo que agarra al espectador mediante trepidantes escenas donde sonido e imagen sirven como elemento introductor hacia la locura de su primera hora, y primera parte, del metraje. La exigencia de una sociedad salvajemente competitiva, que no permite un momento de relajación, de amplia base patriarcal, confluye con la presión de un ser en formación, con un futuro ya planificado hasta el mínimo detalle que ve cómo se resquebraja esta planificación vital (y por ende, todo su proyecto de futuro) a raíz de dos hechos circunstanciales que el joven protagonista pretende inútilmente ocultar para no defraudar a aquellos que supuestamente velan por él. No obstante, la presión al final puede con él y el desenlace no puede ser más trágico, es un punto de inflexión que acabará marcando por el resto de su vida su existencia y la de aquellos que le rodean.

Hasta aquí la oscuridad, el descenso a la locura más atroz (y, en demasiadas ocasiones, más real) de esta sociedad y los individuos que la habitan, ya mostradas en otros contextos en las dos primeras películas de Trey Edward Shults. Sonidos e imágenes contemporáneamente acelerados, encuadres que en su avance se cierran y ahogan dejando sin aliento a los protagonistas y los espectadores que asistimos angustiados ante sus actos y decisiones, dejan paso a grandes conjugaciones de primeros planos, donde se busca la autenticidad anímica de aquellos seres que han quedado devastados ante un hecho de lo que son o se creen participes y que genera amplio rechazo de base social, repudia del mismo demonio que alimenta la fiera que en ocasiones devora la cronología de su propia existencia. Las catarsis llega mediante el perdón y el amor, única vía para reconstruir desde el individuo y hacia el individuo la paz vital necesaria para entregar y recibir aquello que realmente importa, el amor, el cariño o simplemente la compañía piadosa. Tan sólo para un personaje no hay posibilidad de redención, tan sólo para él existe intenso dolor desde el recuerdo de la contemplación de aquello que irracionalmente arrebató y se arrebató a sí mismo, dolor que perdurará bajo el castigo de las normas de convivencia encerrado en la más profundas de las celdas imaginadas, la del alma.

En definitiva, hay que experimentar el relato para adentrarse en su intimista discurso, en su reflexión emocional, ya que aquí se trata más de lo que se siente que no de lo que se expresa. Su colorista banda sonora, su edición de sonido, sus interpretaciones, su (en ocasiones excesivamente opulenta) fotografía, han conseguido arrastrarme anímicamente a su terreno de manera poderosa. Sin duda, uno de las mejores películas de 2019, injustamente olvidada en el reparto de premios mayores para este año.


 
Valoración · 9,0


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