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Tusk (Tusk, Kevin Smith, USA 2014)


 
 
Wallace y Teddy forman un dúo de populares podcasters con gusto por las noticias más extrañas e hilarantes. Durante un fallido viaje del primero en busca de material para su audioblog, y con el fin de amortizar el viaje, éste decide atender al reclamo de un antiguo contador de historias, encontrado de manera fortuita; una buena oportunidad, un golpe de buena fortuna que mutará de manera sorprendente tras traspasar las puertas de la mansión del viejo lobo de mar; en realidad, tras traspasar las puertas de la guarida del lobo…
 

Kevin Smith ha vuelto. Para ser precisos, no obstante, nunca se fue del todo, pero si en su penúltima creación, (Red State, 2011, Premio a la Mejor Película en SIFF 2011) parecía derivar formalmente hacía un cine de mayor calado, a través de una exposición y desarrollo con una profundidad y serenidad superior (en comparación con sus películas más insignes y populares, Clerks (1994) o Mallrats (1995)), en Tusk (2014) vuelve a resurgir ese componente tan personal de comedia con tintes de crítica social y humana que tanto le caracteriza, ciertamente menos ágil y más sosegada que las anteriores, aspecto que se evidencia mediante la inclusión en el montaje final de un diálogo y una escena en y tras los créditos finales, tan innecesarios como descriptivos de la naturaleza esencial de su autor.

Primer acto: “Siempre haz sobrio lo que dijiste que harías borracho. Eso te enseñará a mantener la boca cerrada”. Howard Howe.

 El último film de Kevin Smith se muestra como un descenso real a los infiernos más bizarros de la Norteamérica más definitoria, más self-made y cerrada de puertas adentro, donde el individualismo y la falsa libertad priman sobre otros aspectos sociales, encarnando estos conceptos en el tensionado tête à tête que enfrenta a un tipo charlatán, ególatra y listillo (Wallace Bryton - Justin Long), un falso contador de historias o moderno predicador de masas, con un auténtico prestidigitador de las medias verdades, amén de un obseso alquimista de la carne humana o mad doctor (Howard Howe, un gran Michael Parks al cual el director le vuelve a regalar un auténtico traje hecho a medida).
 
 La relación entre ambos se establece según transcurre el encuentro-entrevista, durante la cual se esbozan tímidamente los perfiles de ambos protagonistas mediante la inserción de escenas (rodadas en un nítido blanco y negro) que narran los hechos y aventuras más significativas de su biografía (y en donde cabe resaltar especialmente los primeros planos fijos focalizados en el expresivo rostro del viejo Howe), los cuales relatan por sí mismo el desenlace de éste encuentro provocado y esperado por él mismo, encarnados en la paulatina y lasciva mirada sobre su presa. Ah, y un vaso, un vaso de fast-food como único elemento real, como único vínculo de Wallace con la realidad exterior, frente al entorno tenebrosamente opresivo, nerviosamente asfixiante dentro del set principal de este primer bloque, la sala de estar de Howard Howe.



 
Segundo acto. ”La bestia siempre reside dentro de uno mismo”. Howard Howe.

 El desenlace de este primer segmento de la historia termina en un punto álgidamente horroroso, cuando se nos presenta de manera muy directa, crudamente áspera, como el cazador ha obtenido su presa y los propósitos que persigue con ella. Pero seguidamente, y mediante la inclusión de un nuevo trio de personajes, la narración da un giro temático que vira hacia aspectos estilísticos más propios y definitorios de su autor.
 
 La historia da un vuelco desde el terror más psicológico y visceral hacía una línea más cercana al thriller-búsqueda de psycho killer, desmontándose plano tras plano la densidad dramática y la seriedad formal obtenida hasta el momento. Estos tres nuevos personajes, un detective que emula los contornos más cómicos de las creaciones de los Cohen, y los amigos de Wallace, los cuales no logran conectar empáticamente con el público en ningún momento, insertan secuencias muy al gusto y estilo de Kevin Smith las cuales, no obstante, relativizan el valor obtenido por el film hasta el momento, hasta el punto que el desenlace final no obtiene los réditos perseguidos por el director, fracasa en la resolución emocional, cuando seguramente sin la inclusión de dichos personajes ese mismo fotograma hubiera conseguido emocionar mucho más y mejor al público de este film.
 
 El valor de esta historia, primera de una trilogía anunciada por su autor con el título de “The True North Trilogy”, obras inspiradas en extrañas pero verdaderas historias tradicionales canadienses,  reside por tanto a mi juicio en la formulación de ideas que cuestionan el valor del falso individualismo de la sociedad moderna, las vagas apariencias y los recuerdos y remordimientos como eje de la psyche humana, conceptos que se esbozan en la primera parte de la película, quedan desdibujados en su segundo tramo y, lamentablemente, se ven anulados en sus créditos.
 
 Ah, por cierto, ¿mencioné algo de una morsa?...
Dirigida por Kevin Smith
Guión original Kevin Smith // Producida por Demarest Films / Phase 4 Films / SModcast Pictures // Fotografía: James Laxton // Música: Christopher Drake // Montaje: Kevin Smith // Vestuario: Maya Lieberman // Diseño de producción: John D. Kretschmer // Dirección artística: Michael Barton // 102 minutos.
Reparto: Justin Long, Haley Joel Osment, Genesis Rodriguez, Michael Parks, Ralph Garman, Harley Morenstein, Bill Bennett, Rob Koebel.
Localizaciones de rodaje: Exteriores en (varios) Charlotte, North Carolina, USA, Interiores en Los Angeles, California, USA.
World Premiere: 06/09/2014 (TIFF / Toronto - Canada)
Box Office (4/2016): Producción: S/E. // Recaudación mundial: $1,8 millones.
Valoraciones artísticas: Imdb (5,4/10), Filmaffinity (5,0/10), Rotten Tomatoes (36%)



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