The Tribe - Travelling circular

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The Tribe

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Plemya (The Tribe, Myroslav Slaboshpytsky, Ucrania / Paises Bajos, 2014)




Sergei inicia una nueva etapa en su vida al ingresar en un centro de recogida para jóvenes socialmente desheredados, con una característica muy singular: allí se reúnen y conviven tan sólo personas sordomudas, con la posibilidad de aprender algún oficio que les facilite su inserción al mundo laboral. Pero tras esa fachada se esconde una realidad mucho más lacerante, un sórdido microcosmos de supervivencia al que tan sólo cabe entregarse sin cuestión alguna.


Al margen de la originalidad de su guion, o más precisamente del espacio narrativo que ocupa su ambientación, The Tribe es una modesta aunque muy elaborada coproducción ucraniana y de los Paises Bajos que se ha dado a conocer, aunque minoritariamente, por dos hechos muy concretos, los cuales marcan al mismo tiempo la presentación, el desarrollo y la valoración que de ella se pueda hacer: por una parte, la circunstancia de haber sido galardonada con el Grand Prix de la Semaine de la Critique en el Festival de Cannes 2014 ha provocado un impulso decisivo en su devenir distributivo (el film ha corrido como la pólvora de festival en festival); por otro lado, y a la vez, ese prestigioso respaldo ha dado como resultado que la película se haya podido proyectar de forma global, cuando en realidad su visionado se antojaba a priori harto dificultoso, por tratarse de una obra a la que se le ha despojado (de manera totalmente justificada tal y como argumentaremos a continuación) de cualquier elemento cinematográfico comunicativo en cuanto a su “verbalidad”, al avanzar su metraje tan sólo mediante el lenguaje de signos propio de la comunidad sordomuda, sin subtítulos ni insertos escritos que acompañen narrativamente a las imágenes.

Lógicamente, esta decisión formal o estilística acaba afectando poderosamente la difusión del film. Plenamente justificada, ya que el casting está conformado al completo por personas que cumplen esa condición, y cuya ficción narrativa debe forzosamente articularse mediante los parámetros vitales en los que se desenvuelven, la consecuencia directa de la falta de elementos "verbales" acaba provocando una mayor exigencia por parte del receptor, un mayor esfuerzo a realizar por el público que desea seguir con la fluidez habitual la dinámica cinematográfica usual, lo cual no es poco pedir en una película con una duración superior a las dos horas de metraje. A la postre, este hecho supone un lastre que debe soportar y asumir como principal hándicap a la hora alcanzar los objetivos planteados.

A todo esto le debemos sumar una concepción fílmica compleja, la cual ofrece un denso diseño de producción de difícil digestión. Así como el ropaje que envuelve la historia es originalmente atractivo, en su contra hemos de sumar que  las circunstancias que se narran ya nos son conocidas (inserción de un elemento foráneo en el seno de un colectivo ajeno con unas reglas comunitarias consolidadas, y como ese cuerpo ajeno perturba y resquebraja el pequeño microcosmos existente), y la forma como se nos presenta nos aleja de su visionado (largas secuencias sin desarrollo aparente, cámara al hombro o steadycam con primeros planos, planos fijos sin dinamismo…). ¿Qué queda, pues, para destacar y encumbrarla artísticamente al nivel que se ha hecho?.

   

Pues su descarnada fusión entre ficción y documental, entre el guion y la manera como se ha realizado. En cuanto a lo primero, la temática cala hondo por las circunstancias coyunturales actuales, y además la historia se sitúa espacialmente en un terreno aún más árido, si cabe: a nosotros, ciudadanos occidentales pudientes que hemos visto recortado nuestro ficticio estado del bienestar amparado por la falacia del consumismo desbocado, se nos obliga a observar una troceada y desamparada sociedad hundida en las miserias del post-comunismo; por si eso no fuera suficiente, perdemos toda esperanza de futuro para/con nuestros protagonistas por su condición de sordomudos; si nosotros tenemos ahora menos esperanzas de medrar, ¿qué les queda a ellos? Pues lo que observamos descarnadamente: puro instinto animal de supervivencia, completamente al margen de normas sociales y consideraciones éticas. No hay lugar para la felicidad, tan sólo para la violencia más radical, la corrupción del espíritu humano y el desprecio a lo ajeno. Imágenes abruptas, incómodas y desagradables debido a su punzante realismo, la convierten en un sucio cinéma verité que nos atrae tanto como nos provoca repulsión. Gélidas y asépticas imágenes como las que conforman las detalladas secuencias de la violación, el hiriente aborto o el uso de la fuerza y la venganza final permanecen durante mucho tiempo fijadas en la memoria del espectador tanto por inusuales como por peligrosamente próximas.

Esta catarsis invertida hacia la realidad, por otro lado, nos es presentada gracias a ejercicios estilísticos que merman sobremanera la popularidad de los resultados. Es cine realizado a una velocidad contra-comercial (pausado, reflexivo), montado, eso sí, con la firme intención de atrapar al espectador que se atreva a entrar en su historia. Sus primeras secuencias ya pueden provocar una criba: dos planos fijos panorámicos de varios minutos de metraje, el inicial en un punto indeterminado de una calle con la cámara apuntando al otro extremo, hacia una parada de transporte público delante del cual vemos desfilar vehículos y más vehículos,  y tras lo cual seguimos a Sergei (que ha llegado en un autobús) hasta la ruinosa institución, quedándose el objetivo de cámara durante varios minutos más estático, fuera del edificio, captando el lento desfilar de las personas que integran el centro desde un patio hacia el interior. Hay que tener voluntad e interés para no abandonar en este punto; la cámara siempre mantendrá distancia (tan sólo muestra, no valora), tanto en plano fijo como en steadycam, pero la imagen se nos presenta dolorosamente cercana. Si conseguimos, a la postre, llegar al final del recorrido, obtendremos más que una satisfacción estética una dolorosa enseñanza moral.

   

En definitiva, con estos elementos divergentes el recorrido del film no puede aspirar a ser majestuoso (aunque se ha estrenado comercialmente en grandes salas, cosa que no pueden decir muchas producciones de mayor enjundia), pero su verdadero logro consiste en haber difundido una reflexión, un pensamiento, acerca de una realidad social obviada y olvidada por lacerante. Un triste esbozo de una realidad a la vuelta de la esquina.

Dirigida por Myroslav Slaboshpytskyi
Guión de Myroslav Slaboshpytskyi // Producida por Garmata Film Production / Hubert Bals Fund/ Myrek Films / Rinat Akhmetov's Foundation "Development of Ukraine" / Ukrainian State Film Agency // Montaje: Valentyn Vasyanovych // Vestuario: Alena Gres // Diseño de producción: Vlad Odudenko // 130 minutos.
Reparto: Grigoriy Fesenko, Yana Novikova, Rosa Babiy, Alexander Dsiadevich, Yaroslav Biletskiy, Ivan Tishko, Alexander Osadchiy, Alexander Sidelnikov, Alexander Panivan.
Localizaciones de rodaje: School #186, Kiev, Ukraine (School); Sechenova 4 str, Kiev, Ukraine (Teacher's apartment); Kiev, Ukraine.
World Premiere: 21/05/2014 (Cannes Film Festival, Cannes, France)
Box Office (5/2016): Producción: S/E // Recaudación mundial: $0,1 millones.
Valoraciones artísticas: Imdb (6,7/10), Filmaffinity (7,2/10), Rotten Tomatoes (88%)



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