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The Founder

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El fundador (The Founder, John Lee Hancock, USA, 2016)

 
 
American Dream

 
 
Sinopsis
 
 1954. Ray Kroc (Michael Keaton), hábil charlatán, comercializa un producto con escaso éxito; por más esfuerzo y empeño que le pone, nadie quiere adquirir una de las fabulosas máquinas de multi-batidos que él vende. Por ese motivo, cuando recibe un encargo de seis artilugios para un mismo negocio de San Bernardino  en California, su instinto lo impulsa a conducir por la ruta 66 hasta ese lugar, con el fin de comprobar que tipo de actividad requiere tantas batidoras. Allí conocerá a los hermanos McDonald’s, Dick (Nick Offerman) y Mac (John Carroll Lynch), quienes le explican el éxito de su negocio basado en un revolucionario método bautizado como Speedee, toda una coreografía laboral la cual consigue alcanzar rápidas y rentables ventas de hamburguesas bajo un nuevo concepto. Avispado, Ray adivinará el enorme potencial del producto y les propondrá a sus temerosos socios representar este modelo mediante una fase de expansión por toda Norteamérica, aceptando éstos manteniendo empero un férreo control. El creciente éxito, el enorme riesgo y el escaso beneficio que obtiene forzará que Ray adopte decisiones arriesgadas con el fin de arrebatarles el control a los hermanos McDonald’s y establecer un auténtico imperio mundial del fast-food.

 
Conceptos
 
 
 Retrato de los paradigmas más típicamente norteamericanos, aquellos que ilustran más acertadamente el salvaje funcionamiento del modelo capitalista más exacerbado, este relato se centra en la figura de uno de tantos individuos hechos a sí mismos en aquel lugar y aquel tiempo, un soñador con ideas empresariales altamente ambiciosas y muy novedosas, arriesgadas por tanto, un hombre capaz de poner en riesgo todo lo que tiene con el único fin vital de alcanzar sus exitosos objetivos. Y para redondear la parábola, para enfatizar la validez del mensaje, tras contemplar el cuadro al completo, encontraremos como no puede ser de otro modo todo una ristra de vencedores y vencidos.

 Visionaria valentía. Toda acción inédita y primaria requiere de una alta capacidad para prever un futuro imaginario, un resultado esperado y un objetivo concreto; una vez se tiene la absoluta convicción de estar en genuina posesión de lago infalible, es necesario tener grandes dosis de agallas para emprender el viaje sin posibilidad alguna de retractarse. Estas podrían ser las bases o pilares sustanciales que sustentan el carácter y el talante norteamericano, en los que se potencia y elogia, entre otros, el individualismo capitalista, el consumismo y la cultura del ocio, desde el establecimiento de las primeras colonias mediante la apropiación de bienes ajenos en su fundación hasta el crecimiento como primera potencia mundial tras el Crack del 29 y la victoria en  la Segunda Guerra Mundial.
 Ese espíritu emprendedor que impregna y ejemplifica en toda su dimensión la idiosincrasia norteamericana desde los anales de su historia tiene constantes muestras de viabilidad en biografías como la de Ray Kroc, el cual vemos al principio del relato en su búsqueda de algo auténtico y único, original e inimitable, que lo conduzca hacia un éxito descomunal y popular, como vehículo que lo transporte a la senda de los más poderosos (sus vínculos con las esferas más altas del poder político al final del filme así lo acreditan). Tan solo él es capaz de ver el inmenso potencial de la fórmula de los hermanos McDonald’s, incapaces de superar absurdos límites románticos que encubren su incapacidad y falta de coraje para crear un Imperio desde su exitosa pero modesta fórmula; tan sólo él es capaz de tener los arrestos de apostar temerariamente por un modelo imaginado, por creer en aquellas personas que el destino pone en su camino en los momentos de máxima dificultad y le asesoran de manera incierta pero decidida, a diferencia de Mac y Dick, temerosos de hacer y dejar hacer, de permitir variar un ápice su fórmula e introducir evolucionarias novedades aplicadas a hacer más rentable el negocio. Dicotomía del capitalismo, con resultados naturalmente lógicos.

 Persistencia. El mantra del gurú que ilumina los sueños rotos del americano medio desde el altavoz del tocadiscos; la persistencia como única vía posible hacia la gloria, la estoica tenacidad ante los avatares que dispone la vida en nuestro camino, la firme voluntad de medrar contra corriente, de creer en lo imposible para todos los demás. Así observamos al protagonista de esta historia, basada en hechos reales, con escasa evolución vital por su parte: en esencia, siempre ha seguido la senda de la perseverancia, la ruta independiente que le ha hecho ir desechando proyectos laborales y adoptando otros nuevos, depositando una fe ciega en aquello que tiene entre manos; “un hombre es lo que piensa todo el día”, y ese concepto es el que propulsa todas las acciones cotidianas de Ray, siempre en movimiento, siempre con la obstinación de expandir o engrandecer el prototipo (“cruces, banderas, arcos dorados”, McDonald’s asociado al concepto de familia), sin evolucionar en los sustancial pero agregando y desechando componentes con el fin de perfeccionar la idea, el modelo original imaginado.

 Ambición sin escrúpulos. El sistema así lo requiere: el objetivo final es alcanzar la grandeza máxima, y debe conseguirse cueste lo que cueste, aunque eso suponga dejar unos cuantos cadáveres “sociales” por el camino, como observamos en los casos de la pusilánime esposa de Ray, Ethel (Laura Dern) o los hermanos McDonald’s. Sólo los más fuertes y tenaces logran sobrevivir, alcanzando la meta del éxito económico y social, en un entorno donde el listón competitivo exige una disciplina alejada diametralmente de cualquier consideración ética que la pueda afectar, adoptando las medidas necesarias sin entrar a valorar bajo ningún concepto los daños colaterales que eso pueda causar; los negocios son como la guerra, y en ésta es necesario dejar cualquier tipo de escrúpulos a un lado.
 Puede dar la impresión que, realmente, Ray actúa como un parásito, apropiándose mediante hábiles ardides de una genialidad labrada con mucho esfuerzo por Dick y Mac McDonald, debido también en cierto modo a la natural tendencia humana de descantarse siempre a favor del más débil; pero en esta trama eso queda fuera de lugar. El logro real de Ray, su victoria más contundente, se erige mediante el arrojo, la perseverancia y la ambición, así como su capacidad de pensar siempre en algo más grande; los negocios son dinámicos, hay que saber adaptarse a las circunstancias y las oportunidades que van surgiendo, sin importar aquello que se deja atrás; esa es, al mismo tiempo, la derrota de los que no acaban de creer en él, de los que no le acompañan en su viaje.



    

 
El Personaje
 
 Como no puede ser de otro modo, la figura principal alrededor del cual está construido éste relato, el fundador del coloso holding de las hamburguesas Raymond Kroc, interpretado magníficamente por un comedido y ajustado Michael Keaton, que ofrece nuevas muestras de su capacidad gestual en la interpretación. Su precisa verborrea tan sólo es equiparable a su determinación, su empeño y persistencia, es un ser dedicado en cuerpo y alma a lograr el objetivo del éxito mayúsculo, de la singularidad popular, un hombre cuyo único precepto vital es ser un genio, aunque sólo sea una vez.
 El soliloquio con el que se inicia el filme atrapa con facilidad la atención del espectador, vendiéndonos su producto gracias a un firme convencimiento a pesar de saber que no lo necesitamos, al igual que todos los comerciantes a los que se lo va ofreciendo; a lo largo de toda la película su actitud continuará siendo la misma, lo que cambiará será la fortuna de haberse encontrado con un método novedoso aunque modestamente local y tener el ingenio y la capacidad de imaginar una evolución consistente basada en una fuerte expansión popular, al margen de confiar sin titubear en su instinto, aquel que le dice en quien debe confiar y en quien no; en este sentido, será fundamental su encuentro fortuito con Harry J. Sonneborn (B.J. Novak), un avispado consultor que le formulará la perfección del método, basado en la compra y arrendamiento de terrenos donde se instalan las franquicias, con el fin de fijar los estándares homogéneos so pena de no renovar el alquiler, y a la vez poder establecer una actividad paralela que a la postre acabará engullendo el humilde negocio de los McDonald’s. Al fin, el círculo acaba completándose con otro Ray muy distinto al del principio, un Ray exitoso encumbrado a lo más del mundo, un Ray triunfante que ha conseguido alcanzar sus elevados objetivos vitales, un hombre como encarnación del sueño americano.


 
La toma / la secuencia
 
Hay dos escenas fundamentales, con un significado profundo que resurge a través de la sugerencia gestual que se desprende más allá de las palabras proferidas por los protagonistas, y ambas tienen lugar en un despacho, con los mismos sujetos: Ray Kroc, Mac y Dick McDonald y un contrato mercantil.
 En la primera escena, tras haber capturado por completo el interés de los hermanos con su visión de expansión, Ray firma un contrato en el que queda subyugado al completo control de los hermanos, al beneplácito explícito previo antes de realizar operación alguna; los gestos de los tres protagonistas definen con hondura sus impresiones y pensamientos: satisfacción y sorpresa por parte de los McDonald’s ante la poca resistencia u objeciones que opone Ray ante un contrato claramente abusivo, favorable a los originales creadores de la marca, y resignación y convencimiento por parte de un digno pero humilde Ray, con absoluta fe de que ese documento servirá de catapulta hacia su propio éxito.
 En la segunda escena, ya hacia el final del filme, el aspecto de Ray ha cambiado por completo: soberbio, de apariencia elegante y sobria, toma las riendas de la negociación e impone su inflexible criterio mediante la falsa garantía de un apretón de manos; los McDonald’s, exhaustos tras tantas batallas dialécticas y operativas perdidas, con delicados problemas de salud, aceptan malvender la obra de su ingenio, su proyecto de vida, a cambio de asegurarse algo de paz y de estabilidad económica. Débilmente han querido imponer sus condiciones, aun a sabiendas que ahora no están en disposición de negociar; Ray se ha hecho un gigante, ha medrado gracias a su empeño y su constancia, y la desazón interna se refleja en sus caras, al igual que la de la victoria aplastante ilumina la de Ray. Tal y como se adivina por sus gestos, el futuro se rubrica con pluma y gracias a promesas que  nunca se cumplirán.
   La moraleja es demoledora. En el país de los sueños, el arrojo y la perseverancia suponen el valor supremo, más allá del ingenio, el talento o la educación: juégatela y quizás ganes, tan sólo quizás, pero si lo consigues… guau!


 
La valoración
 
 Óptimo retrato acerca de las virtudes y miserias del sueño americano más salvaje y competitivo, en el que una brizna de brillantez por sí sola no es suficiente si no se persiste y ésta persevera, evoluciona. El relato nos viene a decir, como tantos otros ejemplos biográficos se han ilustrado a través de distintos medios artísticos, que el éxito espera a quien no desiste y sabe utilizar el viento cuando sopla a favor, sea cual sea su condición, pero esta vez el mensaje nos llega de una manera muy cercana y entretenida. Buenas ambientaciones, buenas interpretaciones, buen desarrollo de guion… una película notable aunque lejos del excelente, ideal para degustarla acompañada de un buen batido y una buena hamburguesa.

Nuestra nota: 7,2


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