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Resumen Final

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Festival de Cine de Terror de Molins de Rei
35 edición. del 11 al 20 de noviembre de 2016


RESUMEN FINAL. IMPRESIONES TRAVELLING CIRCULAR


 
 Al despuntar el amanecer de éste pasado domingo cerraba definitivamente sus puertas el acogedor Teatre de la Peni, sede durante nueve días de una edición más (y ya van 35) del Festival de cine de Terror de Molins de Rei, conocido popularmente como TerrorMolins. De aquellas magníficas muestras que a mediados de los ochenta algunos de nosotros pudimos saborear como bautismo de género y festivales, las cuales nos mostraban lo más nuevo del cine de suspense, terror y casquería internacional en sus famosas 12 horas de terror (en una era pre-internet, con todo lo que esto suponía!) tan sólo queda la esencia fundamental, el espíritu indómito basado en las ilusiones y los esfuerzos de algunos intrépidos y muchísimos acólitos que con su perseverancia y fidelidad aun propulsan y erigen el evento como una de las principales y más importantes muestras condensadas de filmes de terror que se puede encontrar en nuestro territorio hoy en día.



 
 Ciertamente, como colofón de todas las ediciones se sigue ofreciendo la clásica y exclusiva maratón de largos a competición durante toda la noche y madrugada como uno de los momentos más esperados y solicitados, pero no todo acaba ahí. Hace algunos años ya que la propuesta se amplió en una esmerada y admirable muestra de cortometrajes a competición además de las siempre agradables retrospectivas, pero ha sido especialmente en la última década cuando el festival ha evolucionado hacía un modelo mucho más completo, con la muestra de premieres nacionales e internacionales y la aportación de algunos de los títulos más relevantes del año, así como una importante internacionalización de su jurado e invitados.

 
 Este año la mutación experimentada ha sido importante, creemos que se ha dado algo más que un paso. Se han incrementado los días de exhibición, los filmes a proyectar han ganado en número y relevancia, se han propulsado nuevos espacios de exhibición para vertebrar más el evento en el corazón popular del municipio que lo acoge y se ha editado, incluso, un excelente compendio escrito a modo de estudio de las mutaciones en la gran pantalla. Es fundamental señalar, al mismo tiempo, el importante y brillante trabajo realizado para promocionar el evento a través de las redes y los medios de comunicación, consiguiendo un importante impacto que ha divulgado aún más si cabe TerrorMolins, a lo que sin duda ha ayudado y mucho dos aspectos dignos de mención: el fantástico e inolvidable spot de lanzamiento, el cual sin duda ha conseguido transmitir perfectamente el alma de esta edición, además de ser uno de los mejores materiales publicitarios del año a nuestro juicio, y el maravilloso video-mensaje de agradecimiento realizado por el mismísimo David Cronenberg a modo de presentación y agradecimiento por el homenaje que se le ha hecho al The Fly del director canadiense por su treinta aniversario.

 
 Como siempre, el aura que envuelve este festival sigue siendo radiante y, en definitiva, la razón de ser de cualquier festival. Aquí se respira pasión por el género, se atiende solícito a la llamada del estreno con la consciencia de ser un privilegiado, se masca el prestigio adquirido durante tantos años de exhibición y, debido a esos motivos también, se disculpa cualquier incidencia que ocurra durante el transcurso del mismo, algo muy lógico habida cuenta la magnitud del evento; en este terreno, hay que felicitar a la organización por las rápidas y efectivas respuestas ofrecidas con los escasas incidencias habidas, sobre todo a nivel de subtitulaje. Por supuesto, cabe señalar que la inmersión en ese ambiente tan especial y característico sigue siendo óptimamente inducida gracias a la ambientación del entrañable y cómodo espacio donde se proyectan las películas, con el apoyo de grandes caracterizaciones del escenario adyacente a la pantalla, la inclusión de tenebrosos mappings o las ya tradicionales performances que suelen acompañar a la maratón de 12 horas.



 
 Centrándonos estrictamente en la programación de esta 35 edición, cabe destacar ante todo el altísimo nivel ofrecido en la mayoría de proyecciones. Como se suele decir, no estaban todas pero si las mejores. Desafortunadamente, no pudimos asistir a la esperada premiere europea de La Madriguera (Kurro González, España, 2016), ópera prima en la dirección del realizador valenciano que inauguró el Festival y sobre la que se recogieron estupendas impresiones, por lo cual es de visionado obligatorio en cuanto la podamos rescatar. No obstante, el sábado sí que nos vestimos de largo para asistir a la programación doble de cortometrajes a competición, con un nivel de selección notable y el aderezo de una simpática y cachonda labor de doblaje. Poniéndonos serios, cabe destacar la acertada elección de las películas más galardonadas, ya que tanto Quenottes (Pascal Thiebaux, Francia / Luxemburgo, 2016) como Monsters (Steve Desmond, USA, 2015) son dos productos con un acabado formal de primerísima categoría, la primera tirando más hacia la vertiente del suspense terrorífico punteado con salvajes momentos gore y la segunda más cercana al terror psicológico con final sorprendente. Ambas, repetimos, muy dignas vencedoras de las principales categorías del concurso de cortos, aunque también nos gustaría resaltar la categoría de filmes como Save (Iván Sáinz-Pardo, Alemania, 2016) y su horror en síntesis, Still (Oliver Park, Reino Unido, 2016) y su potente capacidad para tensionar con elementos mínimos, Behind (Ángel Gómez Hernández, España, 2016) y su vacuo horror latente  o The Ghost (Sueng-Hyeun Lim, Corea del Sur, 2016) y la irrupción del terror ancestral en una morgue.

 
 Al margen de las tres formidables revisiones ofrecidas en la sección retrospectiva y del gracioso y algo bizarro pase especial de Action Jackson (Prabhudheva, India / Austria, 2014) como estupendo entretenimiento el domingo por la tarde, en cuanto a la sección oficial de largometrajes nos gustaría exponer los contrastados valores observados en algunas de las películas. Algunas de ellas ya las hemos reseñado con anterioridad al hilo de un visionado previo, por lo cual tan sólo diremos que nos ha parecido muy pertinente la inclusión en el palmarés de The Eyes Of My Mother (Nicolas Pesce, USA, 2016), bajo nuestro criterio una de las cinco películas indies del año, junto a la pequeña y delicada pieza de terror The Autopsy of Jane Doe (André Øvredal, USA, 2016) y el soberbio sincretismo de The Wailing (Hong-jin Na, Corea del Sur, 2016), bajo nuestro criterio los tres mejores y más completos largometrajes exhibidos esta edición. Entendemos y apreciamos las virtudes tan distintas, por evocadoras o ¿potentes?, de filmes tan laureados o bien comercializados como I Am Not a Serial Killer (Billy O'Brien, Irlanda / Reino Unido, 2016) o Train To Busan (Sang-ho Yeon, Corea del Sur, 2016), pero para nuestro gusto no está entre lo mejor de lo exhibido en este festival.



 
 Si nos gustaría destacar, por el contrario, la agradable sorpresa que han supuesto algunas proyecciones para nosotros. Para empezar, nos ha fascinado el poder de evocación intrínseco de un filme como Under The Shadow (Babak Anvari, Reino Unido / Qatar / Jordania / Irán, 2016), con una mixtura narrativa excelente entre el contexto político y cultural donde se desarrollan las circunstancias y la biografía particular del relato, en la cual los elementos esenciales van apareciendo sin prisas pero demoledores, utilizando escasos recursos pero ampliamente contrastados, creando una impresión cercana al escalofrío en algunos de sus pasajes. También cabe mencionar, claro está, la brillante y galardonada interpretación de la holandesa Terence Schreurs en su sufrido papel en Kristen (Mark Weistra, Holanda, 2015), tenebroso despertar en la oscuridad y aceptación de una realidad no deseada con una hábil construcción espacial y un elaborado juego de diálogos concluido de manera angustiosa, película defendida de manera agradablemente simpática con la presencia de su realizador.

 
 A parte de estas dos, es necesario mencionar cuatro películas de distinto registro con suficiente fuerza visual y argumental para atrapar a cualquier espectador. We Go On (Jesse Holland y Andy Mitton, USA, 2016) se presenta como un intrigante juego alrededor de la búsqueda de respuestas desde el más allá que ofrece lecturas algo más profundas de las que la trama aparenta, ya que radiografía sutilmente las distintas posturas vitales acerca de la necesidad, o no, de conocer lo trascendente, lo oculto, aunque en la segunda mitad de su metraje esa lectura paranormal con escarceos hacia el terror se difumina algo en pos de un melodrama bien encajado en el tono conjunto. The Unseen (Geoff Redknap, Canadá, 2016) luce sus mayores logros en unos estupendos efectos especiales acordes al oficio habitual de su director; nos encontramos ante un thriller melodramático ambientado en el duro y frio ambiente rural del norte de Canadá, en los que se mezclan una extraña enfermedad degenerativa hereditaria, una maldición que al mismo tiempo que provoca la pérdida de identidad física de los personajes los configura y rehace en sus relaciones personales. Por su fotografía y granulado un homenaje al más puro cine ochentero plagado de referencias implícitas a grandes clásicos de grandes maestros, como el mismo Cronenberg o John Carpenter. Altamente recomendable.

 
 Finalmente, nuestras dos últimas recomendaciones, al margen de otros títulos vistos pero que no nos han logrado atrapar o complacer por un motivo u otro, son radicalmente distintos pero muy interesantes desde distintas perspectivas. Con el primero, Let Her Out (Canadá, 2016), del siempre eficiente y oscuro Cody Calahan hemos podido disfrutar de una historia ya vista con anterioridad pero a la que el realizador ha sabido darle una vuelta de tuerca para acercarla al horror más salvaje, aquel que no se puede dominar y sabes que se acabará descontrolando, tal y como sucede en su última y potentísima media hora de subidón total, con escenas que se acercan al gore psicológicamente más visceral. Por su parte, Darling (Mickey Keating, USA, 2015) narra el extraño viaje desde la cordura hasta la más alucinógena de las terroríficas locuras que debe experimentar una joven inquilina en la relación con los demonios y fantasmas de su nuevo y maldito piso. Tremendamente sugestiva, es una obra no apta para todo tipo de espectadores al carecer prácticamente de diálogos y estar positivada en un transparente y lacerante blanco y negro, un relato que persigue la sugestión permanente del espectador mediante brutales y espantosos insertos, los cuales van más allá del habitual recurso fácil y criticado al insertarse argumentalmente en las premisa de la historia, y que acaba consiguiendo su objetivo gracias al apoyo sonoro de unos sonidos potentes y precisos que ayudan a realzar la sensación de enajenación y dominación. Muy hábil, desde luego.



   Pues hasta aquí  el análisis de TerrorMolins 2016, nuestras impresiones tras haber paladeado excelentes momentos de muy buen cine y mejor compañía a lo largo nueve intensos días. Al margen de la magnífica labor del comité de selección y de la abundancia de buenos filmes, esperamos que este Festival pueda continuar la línea ascendente emprendida hace algunos años y que tan buenos resultados ya está ofreciendo. Se lo merecen. Nos lo merecemos.




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