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Miscelánea > Almacen de bobinas > TerrorMolins 2016





 
 Uno de los festivales de cine más longevos del panorama catalán abrirá oficialmente su trigésimo quinta edición el próximo viernes con una extensa programación, entre la que destacan su ya habitual formidable selección de cortometrajes y una importantísima recolecta de los títulos más representativos de la cosecha de género anual, compendio de altura que tendrá un fenomenal broche de oro durante el cierre de festival en su tradicional y legendaria maratón de 12 horas de terror. Desde este espacio cubriremos el evento e informaremos de los aspectos más destacados y las noticias más importantes según vayan sucediéndose.

 
 Mucho ha llovido desde que en 1973 un pequeño grupo de audaces integrantes del cineclub local decidieran, con mucho arrojo y valentía, impulsar una maratón pionera en el estado español mediante la exhibición ininterrumpida de dieciséis horas de cine de un género minoritario y denostado en aquella época. Reducida su presentación a las tradicionales 12 horas dos años más y a pesar de haber pasado por varios momentos críticos a lo largo de su historia, el mismo entusiasmo y empuje de sus promotores originales ha impulsado el espíritu organizador a lo largo de varias décadas, mutando su carácter de excelente muestra de cine de terror actual (en otros tiempos donde el visionado de obras de estas características era una tarea imposible, con complicada y tardía distribución y sin red global) a la fisonomía actual de Festival de Cine de Terror, al que ya se le queda corto la denominación y quizás habría que añadir el epíteto de Internacional.

 
 Al hilo del concepto que impulsará el evento este año, las mutaciones en todas sus acepciones y variables dentro del cine de género, el mismo festival da un paso más hacia el establecimiento de su popularidad y prestigio evolucionando hacia un nuevo estado o estatus, un reto que les desafía a obtener con autosuficiencia una consistencia difícilmente sostenible en los tiempos que corren (lo cual eleva mucho más el valor de la propuesta): por una parte, aumentar los días de exhibición y los filmes a proyectar, proponiendo una duración de gran festival estándar, diez días ininterrumpidos; por otro lado, el aumento de actividades paralelas y el propósito de acercar e involucrar durante ese plazo a la población que acoge el festival, mediante muestras escolares y proyecciones gratuitas en una carpa situada en el corazón de Molins de Rei.

 
 Fundamentalmente, la programación de esta edición está configurada por algunas de las más insignes y representativas propuestas de género, muchas de las cuales conforman estrictamente el cartel de la maratón del sábado 19. Allí se proyectarán, como el que no quiere la cosa, brillantes cintas ya exhibidas en el reciente Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya Sitges 2016 que merecen la pena ser revisionadas de nuevo en gran pantalla, obras como la terrorífica y desasosegante The Autopsy of Jane Doe (André Øvredal, Canada, 2016), pequeña pieza de cámara en la cúspide de los mejores filmes de terror de este año, The Girl With All The Gifts (Col McCarthy, Reino Unido, 2016), inteligente revisión desde una novedosa perspectiva infantil de las conductas y decisiones adultas ante un mundo mutado a una grave crisis de infectados, o la ansiada y loada Train To Busan (Yeon Sang-Ho, Corea del Sur, 2016), odisea melodramática de salvación zombie en espacios reducidos. Al margen de estas, las 12 horas se complementan también con la curiosa  I am not a serial killer (Billy O'Brien, Irlanda / Reino Unido, 2016), relato de un estigmatizado y algo sociópata freak en un extraño entorno rural repleto de asesinatos, y Downhill (Patricio Valladares, Chile / Canadá / Francia, 2016), penúltima propuesta de la plataforma Blood Window en formato terror survival, ésta en plena naturaleza, amén de la esperadísima película sorpresa que casi nunca suele defraudar y suele estar relacionada con el motivo anual.

          

 
 Los filmes seleccionados para las ceremonias de apertura y clausura son también de una importancia relevante. El largo que abrirá el certamen es La Madriguera (Kurro González, España, 2016), ópera prima del acreditado editor valenciano y premiere europea, después de cosechar críticas muy positivas tras su puesta en largo internacional el pasado 14 de octubre en el prestigioso Austin Film Festival, y la película escogida para cerrar TerrorMolins no podía ser mejor, con el fin de dejar un buen sabor de boca final, ya que se trata del último proyecto del siempre innovador y controvertido, singular y excelente director danés Nicolas Winding Refn, The Neon Demon (Francia / Dinamarca / USA, 2016), en la que se describe la mutación del alma cándida ante un entorno excesivamente competitivo, banal y fugaz como es el universo de la moda, en una apuesta visual radicalmente potente y (algunos lo celebramos)  alejada de los excesos de su penúltimo proyecto.

 
 Entre ambos filmes, durante la semana, tenemos auténticos bocados apetecibles, tales como la tensionada y terrorífica narrativa arcana y ocultista de The Wailing (Na Hong-Jin, Corea del Sur, 2016), la angustia existencial y el terror intangible de Under The Shadow (Babak Anvari, Irán, 2016), el agorafóbico horror entre difusas fronteras fantasmales de  We Go On (Jesse Holland / Andy Mitton, USA, 2016), o la excelente (a nuestro entender, una de las propuestas más brillantes de la temporada) The Eyes Of My Mother (Nicolas Pesce, USA, 2016), verdadera exquisitez rodada en un contrastado y diáfano blanco y negro, potentísimo relato acerca de los efectos coyunturales de una biografía rural demasiado árida y áspera en la vida de una joven, poética y aterradora a la par. Pero aparte de todas éstas también abran muchas otras apuestas que basculan entre el horror más visceral y el terror más clásico, al margen de una breve pero interesante retrospectiva acerca del género de las mutaciones, conformada por el clásico de Roger Corman X: The Man With X Rays Eyes (USA, 1963) o el descarnado remake de David Cronenberg de The Fly (USA / Reino Unido /Canadá, 1986), al margen de la apetitosa película sorpresa de la maratón.

           

   En definitiva, nos encontramos a las puertas de un Festival consistentemente maduro, cuya auto exigencia lo ha propulsado hasta unos límites muy definidos y reconocibles, que presenta multitud de atractivas propuestas que no dejaran indiferente ni insatisfecho a ningún aficionado al cine de género y cuya apuesta por una potente configuración en largometrajes no desdeña ni olvida su estructura principal, la de un concurso de cortos en los que se reúnen auténticos relatos comprimidos que hacen las delicias de los más exigentes. Allí estaremos para confirmarlo. Larga vida a TerrorMolins.
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