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Oculus: El espejo del mal (Oculus, Mike Flanagan, USA, 2013)

 
 



 
Después de varios años de reclusión y rehabilitación, Tim Russell, acusado de parricidio por la muerte de sus progenitores en extrañas circunstancias, se reencuentra con su hermana Kaylie, dispuesto a olvidar el pasado y emprender una nueva vida alejado de viejos temores. Pero ésta tiene unos planes muy distintos; pretende concluir los extraños sucesos acaecidos cuando eran niños, los cuales los dejaron huérfanos, y en los que estuvo enigmáticamente implicado un viejo y lúgubre espejo…
 

 
 Si este film puede presumir de algo es de la resonancia prolongada que ha ido manteniendo desde que tuviera lugar su premiere mundial en la Midnight Madness del TIFF 2013, una persistencia en el candelero de las películas de terror soft contemporáneas que, no obstante, no le ha acabado de proporcionar su ansiada distribución en España, a pesar de los excelentes dividendos arrojados en la distribución mundial, con una facturación de $44 millones frente a los tan sólo $5 millones que costó su realización. Pero más allá del interés crematístico que proporcionan estos datos, su especial relevancia reside en el hecho de haberse convertido en un producto que no se erige en un éxito por sus cualidades intrínsecas, sino más bien por su inteligente elaboración y los resultados que acaba consiguiendo, y que a la postre le acaban otorgando un lugar destacado en el universo de las últimas producciones de género.
 
 El valor de esta producción reside en el hecho de que, partiendo de una tópica premisa (ya vista y utilizada hasta la saciedad en muchas obras de temática similares, como Mirrors, de Alexandre Aja, film inaugural del SIFF 2008) sabe desarrollar esa concepto básico mediante una originalidad patente, basada en la manipulación de las líneas argumentales y, por ende, del espectador… el cual a medida que avanza el relato permite el engaño consciente, a sabiendas de que está encontrando el entretenimiento que busca. Las herramientas que utiliza para encontrar la fórmula que tensiona el film hasta el extremo de captar y mantener la atención del público son, por una parte, la construcción argumental donde se desvelan las claves del relato de manera fragmentada, ocultando ciertos aspectos del mismo con el fin de provocar una incomodidad in crescendo, y por otro lado la brillantez de un montaje paralelo, sincopado, que se constituye como el auténtico logro de este film.
 

 


 
 Así pues, Oculus no destaca por la brillantez en el trabajo de dirección, ni tampoco por la interpretación de sus actores, ni siquiera por la originalidad de su guion. Donde esta película ha conseguido sus verdaderos triunfos es en su posterior labor de montaje, donde se han ensamblado las dos historias, el pasado más reciente y sus ecos en el presente narrado, de manera fluida, sin necesidad de recurrir al flashback y, por añadidura, aprovechando los recursos y los resultados que un montaje de este tipo ofrecen. Así, los momentos de mayor impacto se originan precisamente de alternar ambos relatos, a la vez que dotan de una precisa ambigüedad la realidad de los sucesos que ocurren con la ficción de los recuerdos y la fragilidad de la memoria.
 
 En este proceso, y como viene siendo habitual en este tipo de producciones, el juego entre la ensoñación y la realidad es muy importante, como muestra la alteración de las percepciones sensoriales (cfr. bombilla/manzana, o el impactante momento de la muerte del novio de Kaylie), o una de las claves para desenmascarar la verdadera naturaleza del terror proveniente del espejo, al mostrar los ojos de los seres o entes fantasmales que traspasan al otro lado de auténtico espejo, donde los protagonistas pueden ver versiones deformadas de ellos mismos, con sus temores y sus defectos potenciados.
 
 Para finalizar este breve análisis es necesario destacar la importancia de la composición musical, capital en productos de este género que se precien. Gracias al apoyo de un sonido claro y sutil, el fondo musical, sin demasiadas estridencias ni golpes de efecto, acompaña de manera vertebrada los sonidos de segundo plano, los cuales anticipan o retardan los momentos de mayor calado. Unido a un buen movimiento de cámara y a los elementos fundamentales antes señalados, Oculus acaba diferenciándose de sus antecesoras precisamente por su acabado antes que por la originalidad de lo que cuenta.
Dirigida por Mike Flanagan
Guión original de Mike Flanagan y Jeff Howard // Producida por Intrepid Pictures, Blumhouse Productions y WWE Studios // Fotografía: Michael Fimognari // Música: The Newton Brothers // Montaje: Mike Flanagan // Vestuario: Lynn Falconer // Diseño de producción: Russell Barnes // Dirección artística: Elizabeth Boller // 105 minutos.
Reparto: Karen Gillan, Brenton Thwaites, Katee Sackhoff, Rory Cochrane, Annalise Basso, Garrett Ryan Ewald.
Localizaciones de rodaje: Mobile, Alabama, USA; Fairhope, Alabama, USA.
World Premiere: 08/09/2013 (TIFF / Toronto - Canada)
Box Office (5/2016): Producción: $5 millones // Recaudación mundial: $44 millones.
Valoraciones artísticas: Imdb (6,5/10), Filmaffinity (5,6/10), Rotten Tomatoes (72%)



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