Nocturnal Animals - Travelling circular

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Nocturnal Animals

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Animales nocturnos

(Nocturnal Animals, Tom Ford, USA, 2016)


 
 
Solitaria aflicción

 
 
Sinópsis
 
 Susan Morrow (Amy Adams) vive una existencia incompleta, rodeada de frívolas convenciones y falsos gestos. Galerista de arte contemporáneo, el hipócrita y egoísta entorno profesional unido a la fría y distante relación matrimonial con alguien al lado que resulta demasiado extraño (y con certeza infiel) le insatisfacen y carcomen con amargura en su interior; su dolor viene de antaño, con un entorno familiar adinerado y ultra conservador con tendencia a cosificar incluso los sentimientos. Por todo ello, a pesar de tener una óptima posición social y una enorme estabilidad económica la felicidad no está con ella… ¿pero tiene realmente derecho a la tristeza? La llegada de un obsequio de su ex-marido,  un autor literario de clase media que le envía su primera obra, la perturbará profundamente en su lectura, mezclándose poderosamente en su ánimo un presente de insatisfacciones, un pasado de decisiones erróneas y un violento relato que muestra extraños paralelismos con su propia biografía.

 
 
Conceptos
 
 Violencia. Contenida y desbordada,  implícita y manifiesta. Nos encontramos ante una historia que asume dos relatos de una manera perfectamente vertebrada, mediante recursos que permiten alternarlas de manera constante (sin que decaiga el sorprendente ritmo tensionado) y fluida (gracias a recursos estilísticos de lo más variados, aunque gratamente acentuados en los encuadres y la gestualidad). Por tanto, el cómo aporta un importante lustre a los sólidos cimientos del qué se dice, confirmando un sello autoral muy definido.
 En realidad, los gestos y las palabras sustituyen y eluden la representación visual de la violencia, explicitada tan sólo en pocas y breves tomas. El notable ejercicio de sugerencia mediante el trabajo de guion e interpretación convierten la película en un ejercicio altamente perturbador a ojos del espectador,  a través de las propias imágenes que se desprenden de la lectura de la obra narrativa. Al mismo tiempo que observamos las imágenes construidas desde el manuscrito por la imaginación afectada de Susan nosotros mismos reconstruimos aquellas partes más descarnadas que no se nos muestran, en especial lo relativo al rapto y violación de la esposa e hija de Tony Hastings (Jake Gyllenhaal), aunque también en lo concerniente a la tensionada y abrupta conversación entre la propia Susan y su madre (Laura Linney) o, fundamentalmente, en la inconsistente relación que mantiene la protagonista con su primer marido, el autor de la obra escrita Edward (Jake Gyllenhaal).
 
 La tirante relación entre todos estos seres tiene un eje gravitacional en la figura de Susan, la cual acaba cumpliendo los augurios de su propia madre, los designios que tanto la alteran en la óptima escena de la cena (“Todas, eventualmente, nos convertimos en nuestra propia madre”). En ese momento de su vida, Susan aún no ha acabado de moldear su espíritu, aún presenta una visión cándida y optimista de la vida, aún se rebela contra la falta total de ética y el abuso de fuerza, en absoluta contraposición a su madre; pero con el  paso de los años el animal que lleva dentro de manera congénita surgirá al exterior, aportándole un carácter introvertido, una tristeza absoluta víctima de sus propias erróneas decisiones, abocada a una violencia interna sin remisión, erigiéndola como ese animal nocturno solitario que ya vaticinaba también Edward.

 
 Debilidad. No sabemos que ofrece una desazón más gélida a nuestro ánimo, si la absoluta e irremisible contención en el ánimo de Susan Morrow ante la realidad aséptica y marchita de su existencia o la pasiva apatía externa que presenta el personaje ficticio de Tony Hastings. Ambos son dos sujetos extremadamente expuestos y altamente influenciables por los avatares de su biografía, por los golpes que el destino propina a todo ser viviente, incapaces de reaccionar ante los reveses de la vida modificando su comportamiento, rebelándose a su propia debilidad de espíritu. Esa debilidad es lo que convierte el panorama del filme en algo absolutamente devastador, en un cuadro yermo que representa un estado ataráxico llevado al extremo de infligir un terrible sufrimiento a los actores que lo presentan.
 
 Los dos plantearán abstraerse de su dañina conducta mediante actos que implican a terceros. Susan intentará una inútil huida hacia adelante elucubrando absurdas reconciliaciones, soñando con recuperar aquello que ella destrozó en el pasado, mientras que el padre de familia del relato texano busca la continua complicidad implícita en el detective de policía Bobby Andes (espléndido Michael Shannon), esperando que éste resuelva sus problemas tal y como a él le gustaría hacer.  No obstante, existe una diferencia fundamental, aquella que establece la frontera entre la realidad del primer relato y la ficción del segundo: mientras que Tony realiza un acto de expiación para consigo mismo, concluyendo de forma tímida la venganza natural de las circunstancias aún a costa de su propia vida, Susan será incapaz de resolver sus problemas, de apaciguar sus demonios interiores, ante su debilidad para romper definitivamente un matrimonio irreal y reconducir su vida. Uno escogerá la muerte como una salida probable a su sufrimiento interior, la otra la devastación irremisible del alma como compañera de su vida.

   Tristeza. Los ojos como reflejo del alma, esos ojos que abren el filme (tras el ambiguo preámbulo de la exposición: la belleza de la antiestética, más allá de los paradigmas establecidos) y que lo cierran, los insustanciales ojos de Susan casi inertes, a semejanza de los ojos sin vida de Tony mirando hacia el infinito, ojos vacuos e inexpresivos, ojos que expresan el terrible dolor del alma, el irresoluble estado de tristeza del corazón. Al margen de la crueldad elidida, de la impotencia contenida, de la hiriente ausencia en la capacidad para reaccionar ante las adversidades más salvajes, lo más definitorio de este filme, la bruma que lo envuelve mediante un pesado manto de esparto es la tristeza permanente, irresoluble, el profundo desconsuelo de la conciencia ante la evidencia de la culpabilidad propia, ante la certeza de formar parte activa de la causa sin capacidad de respuesta ante los fatales efectos de la conducta personal.


    

 
 
El personaje
 
 Al margen de la buena actuación de Amy Adams encarnando el atormentado personaje principal de Susan y de la fría interpretación de Jake Gyllenhaal (en esta ocasión el adjetivo se ajusta a ese talante natural que nosotros creemos observar habitualmente en él), el tercer personaje relevante de la acción es sin ninguna duda el caracterizado por el siempre interesante Michael Shannon, Bobby Andes, el hierático detective de policía que se encarga de investigar la desaparición de la mujer e hija de Tony Hastings en el relato metafórico semi-biográfico redactado y enviado por Edward a Susan. Claramente, Tom Ford establece un categórico contrapunto entre este último y los dos primeros con el objeto de realzar mediante contraposición el perfil psicológico de la pareja protagonista; el de Susan por oposición, el de Tony directamente como antagónico.
 Bobby Andes tiene un sentido ético de la justicia y la equidad contrario a la mezquindad y la ambigüedad o la falta de empaque de Susan y Tony, un talante que lo conduce a lo largo de la trama a no cejar en su empeño de concluir de una  manera ecuánime la violencia y crueldad social, centrada en el caso concreto que debe tratar; ciertamente, la integridad de su naturaleza se revaloriza cuando observamos que sus actos no dependen de la aprobación o el apoyo de fuerzas externas, sino de su propia percepción de lo justo más allá de las convenciones humanas dispuestas en leyes coyunturales, con unos pocos decenio de antigüedad y siempre expuestas al arbitrio del poder circunstancial. Bobby Andes actúa serenamente al mismo tiempo que con una determinación feroz, amparado en hechos concretos a la vez que respaldado por la firmeza de su propia ética individual, sin detenerse ante la apatía del principal afectado, debido al transcurso del tiempo y la falta de pruebas incriminatorias concluyentes, la dejadez del sistema o, incluso, la cercanía inevitable de su propio y fatal destino. Sus gestos son pausados, sus palabras tienen un peso inevitable, sus consideraciones son taxativas, sus actos suponen los anhelos de aquellos otros incapacitados para tomar las riendas de su propio destino.


 
 
La toma / la secuencia
 
 Obra singular, de autor, con una técnica muy particular que regala momentos de auténtico cine verité el cual traspasa la anécdota del propio relato, al ser mucho más significativo el estudio psicológico de los personajes que no las consecuencias que se desprenden de sus (in)decisiones o actos. Escoger un solo momento es complejo bajo este prisma, pero hay un instante en que el espectador queda hábilmente conmocionado (y al mismo tiempo incómodamente enredado sin remisión en su historia) del mismo modo que lo hace su protagonista, Susan, al leer el pasaje en el ensayo de Edward.
 Como en el resto de la obra, nosotros no conocemos la obra escrita de Nocturnal Animals por lo que nos narra la película, sino que en este caso avanzamos en su trama visionando las imágenes que reproduce la imaginación de Susan al hilo de lo leído; en este aspecto, podemos aseverar que el relato dentro de la trama principal es un relato parcial, fragmentado, objetivo, recogido a través de las instantáneas que Susan va construyendo mientras se sumerge en su lectura, las cuáles se van alternando con las semejanzas que su mente va estableciendo con su propia biografía, rehaciéndola y a través de los sucesos en tiempo actual.
 Tras la magnífica y angustiosa escena del rapto en la carretera, todos sabemos que el desenlace de la misma será cruelmente despiadado, fatalmente esperado; entonces, ¿cómo resolverlo? Tom Ford opta por montar contra planos alternados entre ambas tramas, la que protagoniza un deshecho Tom al ver el desenlace final del rapto, en el que aparecen, sobre un sofá (de un hiriente y significativo color rojo) en medio de la nada los cuerpos inertes y devastados, abrazados, de cónyuge e hija, en una evocadora y sutil composición artística semejante a un cuadro con significados completamente distintos, y la hija de Susan con su pareja, tras despertarse debido a la ansiosa llamada de Susan, la cual siente la punzante necesidad de tranquilizar su espíritu sabiendo del bienestar de su hija tras recibir el impacto de ese fragmento del relato que sigue.
 A partir de aquí, ese recurso se presentará en dos ocasiones más con idénticos resultados, como medio de enfatización del reflejo que la novela produce en el estado anímico de Susan, como representación de sus propios demonios interiores. Intención y técnica reunidas al servicio del resultado perseguido. Muy acertado, desde luego.


 
La valoración
 
 Poco más que añadir tras todo lo apuntado. Obra que reafirma el carácter excepcional de un autor llegado desde otros ámbitos artísticos, el cual bebe de fuentes cinematográficas diversas para realizar de manera diestra un collage con su propia concepción del producto artístico, labrada por la experiencia estética de su campo de procedencia, destacando por su fuerte componente psicológico y social. En este caso, una obra vertebrada de manera magistral que deja a la postre un poso de desazón real en el espectador, una llamada de auxilio ante la soledad del individuo alrededor una sociedad profundamente egoísta, deshumanizada.


 Nuestra nota: 8,5


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