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Manchester by the Sea

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    9 pelÍculas para 1 destino:  OSCARS 2017







Manchester frente al mar

(Manchester by the Sea, Kenneth Lonergan, USA, 2016)




En pocas palabras

Lee Chandler (Casey Affleck) es un mañoso fontanero con una existencia anodina e insustancial, permanentemente atormentado por un pasado incierto, cuyo rumbo cambia drásticamente el día que recibe la noticia de la prematura muerte de su hermano mayor Joe (Kyle Chandler) y se ve obligado a volver a su lugar de origen, debiéndose enfrentar con su pasado. Reacio a regresar a una ciudad repleta de oscuros recuerdos y excesivas habladurías, deberá afrontar los recuerdos de su tormentosa relación con su ex mujer Randi (Michelle Williams), y los largos paseos de asueto en barco junto a su hermano y su sobrino Patrick (Lucas Hedges), ahora adolescente y al cual su hermano le ha dejado a su recaudo sorprendentemente. Un lacerante pasado sobre el cual Lee deberá reconstruir su futuro revertiendo sus propios recuerdos.


 
Nos ha gustado

 La grandeza del relato, una pequeña historia demasiado cotidiana como para sentirla hirientemente próxima, peligrosamente posible, profundamente dolorosa, con un desarrollo de su intensidad emocional extrañamente gradual, realizando un pequeño preludio que da un giro completo a la siguiente secuencia y de la que iremos conociendo detalles fundamentales a modo de insertos tipo flashback, aspectos que definen a los personajes de manera sucinta pero determinante a través de sus actos, segmentos que van construyendo la dimensión de la historia como si de un puzle vital se tratara, que quedan entrelazados de manera magistral.
 
 Las intensas y reflexivas interpretaciones, especialmente la del trío protagonista, Casey Affleck, Michelle Williams y Kyle Chandler. De su interior emana una fuerza brutal que trasciende la actuación y emana un discurso anímico que nos conduce y sumerge mucho más allá de lo puramente narrativo, configurando y otorgando un sublime sentido a sus comportamientos y decisiones.

 La pausa en la escena, absolutamente necesaria para describir esos momentos que transcurren en el devenir diario de las relaciones interpersonales, esos instantes de incomodidad ante lo conocidamente lejano y cercanamente ajeno, de rabia interior contenida reflejada a través de una mirada, de enorme losa de culpabilidad por unas insensatas palabras arrojadas desde la insensatez de la ira que acaban lastrando toda una vida…

 La tremenda hondura del desgarro vital, un daño irreparable que puede caer sobre cualquier vida, sobre cualquier biografía, en el momento más inesperado de nuestras vidas, por cualquier circunstancia inconcebible e inesperada, casual y fatídica. Acontecimiento vitales que derivan hacia vacíos existenciales sin ninguna posibilidad de remisión.



    


No nos ha acabado de convencer

 Las transiciones entre escenas mediante panorámicas naturales, realizadas de manera loable con la intención de desengrasar la enorme tensión emocional que se respira en los espacios cerrados del alma y los ambientes compartidos por fuerza, pero cuyo abuso y persistencia ralentizan escasa pero insistentemente un relato del que deseamos no despegarnos con tanta frecuencia, una historia que necesita vivirse desde el interior.

 Cierta debilidad en su cierre, natural y necesario pero cuya potencia emocional no corresponde o está a la altura de los momentos vividos anteriormente. Quizás se nos pueda tildar de masoquismo emocional, pero sin caer en la lágrima gratuita y fácil pensamos que debería concluido con una escena fuera de mar y reduciendo la distancia entre los protagonistas, con una resolución algo más cercana entre esos personajes completamente devastados en su interior, quienes sin embargo han encontrado razones en su entorno para subsistir, para tirar adelante con un esbozo de sonrisa que pretende ocultar el desolado vacío interior de su ser, un solar edificado por sus lúgubres y funestos recuerdos.

 
 Nuestro veredicto: 8,4




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