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Loving

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Loving (Jeff Nichols, Reino Unido / USA, 2016)

 
 
Amor contracorriente

 
 
Sinopsis
 
 Richard Loving (Joel Edgerton) es un honesto y humilde constructor que recibe la buena nueva de su amada Mildred (Bean para sus amigos, interpretada por Ruth Negga) de su cercana paternidad; pero existe un inconveniente o, mejor, un problema mayúsculo: es una pareja interracial y eso, en la América del Sur de 1958, aún continúa siendo un problema social. Mediante un acto de puro amor, deciden contraer matrimonio en Washington DC, pero al volver a su Virginia natal su felicidad será violentada socialmente. Apestados por su hipócrita entorno aunque apoyados moralmente por su familia, serán forzados a escoger entre el exilio forzoso por veinticinco años y la pérdida de sus bienes o un divorcio forzado. Exiliados a la fuerza, se instalarán de nuevo en DC con algunas dificultades y un sentimiento permanente de añoranza, hasta que con el paso de los años acabará apareciendo la remota posibilidad de luchar por la restitución de su dignidad y ejemplificar así la lucha por el establecimiento de la normalidad en los derechos civiles raciales, inexistentes hasta ese momento.

 
Conceptos
 
 Al margen de su narrativa con trasfondo histórico, esta es fundamentalmente una película gestual. Sin que ocurra nada especialmente extraordinario, sin que la trama ofrezca cliffhanger alguno a lo largo de su desarrollo, manteniendo un tono neutro y lineal que podría convertir el mismo en monótono o tedioso, el relato fluye con una dinámica pausada pero constante, es convincente y atrapa, gracias al trabajo de sus protagonistas en el aspecto gestual. Así, además de la especial y  magnífica fotografía de Adam Stone, habitual colaborador de Jeff Nichols, este proyecto cuenta en su haber principal la capacidad de transmitir y traspasar la pantalla, los sentimientos de su pareja con tan sólo una mirada o un gesto, un movimiento del rostro que es extensible al resto del cuerpo y consigue el objetivo de narrar el universo interior de los protagonistas más allá del mensaje incorporado por el diálogo. Pero hay más.

Amor: todo lo que sucede en el film, de principio a fin, tiene su razón de ser por el amor, un amor auténtico y sustancial, inmaterial e intemporal, que en esta ocasión queda magistralmente ilustrado en todas las circunstancias que rodean la vida de la pareja protagonista. De él devienen todos los demás conceptos que ahora desgranaremos, las acciones que los impulsan diariamente y todo aquello que rodea su vida diaria. Las dificultades que van apareciendo, como el tener que trasladarse diariamente de luna a sol recorriendo muchísimos kilómetros, o permanecer en un entorno ajeno con un sentimiento permanente de añoranza y solitud, se soportan desde el estoicismo de quien antepone el amor y la felicidad conjunta por encima de las demás acciones ordinarias, del que conoce y defiende la virtud de anteponer el bien compartido sobre los pensamientos e intereses individuales. Ese amor envuelve y atribuye un justo sentido a todo el relato, desde la primera secuencia a la última.

Respeto: A partir de esa capacidad de entender y valorar el amor, Richard hace lo que hace durante todo el relato por Bean, incluso contraviniendo a sus propias convicciones y razonamientos. Él conoce lo duro que será empezar de cero para Bean, con un núcleo familiar cohesionado de manera fiel, pero también sabe que la alternativa de la cárcel no existe, sobre todo para ella; no obstante, viendo la oculta infelicidad que corroe a su esposa en su quehacer diario en el exilio, no puede negarle el deseo de alumbrar a su primogénito rodeado de los suyos, aun comprendiendo la insensatez de sus actos y  el gran peligro que eso acarreará para ambos. Del mismo modo, una vez establecidos y adaptados a su nueva vida, con una familia aumentada por el paso de los años a quien atender, niega tajantemente su participación en el arriesgado plan de retorno a su antiguo hogar debido al escaso margen de éxito y el poco rédito que de ello obtendrán, pero sí que consiente y apoya que Bean acceda y se preste a batallar en algo que va más allá de lo comprensible, de lo inherente a lo trascendente. Esa es la gran muestra de respeto que fortalece el amor, sin duda.

Familia: la importancia fundamental de tener un apoyo incondicional en los momentos más adversos de nuestra vida se ejemplifican en la suma importancia que Bean le da a ello, situando los orígenes y la familia carnal justo un escalón por debajo del núcleo familiar, su marido e hijos. Los sucesos más significativos en su biografía así lo indican: la noticia del embarazo es comunicada primero a Richard y acto seguido, con alborozo y sin demora, se lo dice a su hermana; el acto de dar a luz y la decisión adoptada… en suma, la concurrente añoranza que la desgarra por dentro cada noche cuando va a dormir con su marido recién exiliados tiene su origen en la tajante imposibilidad de tener cerca a sus padres y hermanos, de vivir en el lugar que le pertenece sentimentalmente, en la felicidad cercenada en dos de manera arbitraria e injusta.

Dignidad: Finalmente, la dignidad trascendente del ser humano sea cual sea su condición y la violenta transgresión y violación de los derechos más elementales del mismo dan lugar a la reacción sigilosa, poco temperamental pero fuertemente segura de sí misma de Bean, como contraste con el de su marido Richard. Mientras éste encaja los duros golpes de la vida con resignación e introspección, Bean muestra una rica amalgama de emociones a lo largo de su trayectoria vital que la conducen, en último lugar, a jugar con determinación y valentía las cartas que restituyan todo la dignidad arrebatada, toda la injusticia vertida sobre dos ciudadanos inocentes cuyo único pecado es amarse.


    

 
El Personaje
 
 Sin duda alguna una de las mejores actuaciones cinematográficas femeninas del año es, con todo merecimiento, la de Mildred / Bean, interpretada de manera brillante por Ruth Negga en el que es, de momento, el papel de su vida. El sutil y preciso despliegue emocional que muestra a lo largo de toda la película es extenso e intenso, logrando transferir con muy pocas palabras un universo interior mutable en función de las circunstancias que van deviniendo: de la incertidumbre que causará el impacto de la noticia del embarazo en Richard a la inmensa felicidad con la que se lo cuenta a su hermana; del miedo en la celda a la sumisa resignación ante el juez; de la inmensa y callada tristeza interior en su dormitorio al tremendo nerviosismo ante el abogado… y así podríamos continuar con una larga lista de sensaciones e impresiones mostradas durante toda su historia. Al igual que Richard es parca en palabras, pero lo que logra o quiere comunicar con palabras lo ofrece con una riqueza excepcional a través de su mirada, su rostro o sus gestos.

 
La toma / la secuencia
 
 Siguiendo esta senda, la secuencia fundamental no puede ser ninguna otra más que aquella que queda enmarcad, como cierre conclusivo del relato, como verídica muestra histórica. En ella aparece uno de los actores fetiches de la filmografía de Jeff Nichols, Michael Shannon, interpretando a un fotógrafo de la publicación Life, el cual se presenta en la granja de los Loving con la intención de ilustrar el caso que podría restituir una de los preceptos raciales más firmes legislados por la injustas leyes sureñas. Tras departir un día los quehaceres diarios con la familia, la cual lo reciben y tratan con una cortesía y amabilidad admirables, en un momento habitual de relajación al final de la jornada de dos personas que se aman de modo auténtico y natural, Richard se tiende con cariño sobre el regazo de Bean y ambos disfrutan de un momento de relax ante el televisor con serenidad y felicidad; ese instante íntimo, cotidiano y anónimo, esa instantánea que es recogida y divulgada por el fotógrafo detalla de manera sintética el leit motiv de la vida de los Loving, el motor que los impulsa, el amor.
 
La valoración
 
 Una de las mejores películas del 2016, sin duda, más allá de su carácter temático como documento ficcionado de un hecho histórico que se eleva por encima de los hechos coyunturales individuales para situarse en el altar de la historia de los derechos civiles americanos. Un proyecto que restituye, tas la infravalorada Midnight Special (USA / Grecia, 2016) de manera magnífica el lugar de Jeff Nichols como uno de los narradores contemporáneos de mayor personalidad, con una autenticidad única para relatar historias mínimas convirtiéndolas en grandes crónicas del ser humano y aquello intangible que lo diferencia y lo impulsa de un modo singular al del resto de cohabitantes de su entorno. Una pequeña historia óptimamente dirigida e interpretada con un feeling tremendo, diciendo mucho más de lo que sus diálogos nos muestran.

 
 
Nuestra nota: 7,70


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