Lady Bird - Travelling circular

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Lady Bird

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Lady Bird (Greta Gerwig, USA, 2017)


 
 
Sinopsis (de qué va)

Christine McPherson (Saoirse Ronan) es una joven incontrolablemente amorosa, profundamente obstinada y de opiniones férreas. Por mucho que luche contra ello, es exactamente igual que su madre (Laurie Metcalf), una enfermera que trabaja incansablemente para mantener a flote a la familia después de que el padre (Tracy Letts) se quedase sin empleo. Ambientada en el año 2002 en Sacramento, California, en mitad de un panorama económico marcado por cambios vertiginosos, Lady Bird es una conmovedora visión de las relaciones que nos modelan, las creencias que nos definen y la belleza inigualable de un lugar llamado hogar.


 
Sus hechizos

·  La esmerada labor de dirección, desde la libertad creativa de interpretación hasta un manejo de cámara sin artificios ni alardes, acercando la historia de un modo muy sincero y honesto al espectador.
· El conjunto de las interpretaciones, a destacar, no obstante, el sobresaliente trabajo de Laurie Metcalf como dura madre obsesiva posesiva con un gran corazón escondido en una coraza de hierro.
· La granulada fotografía y su ajustada iluminación, nada artificial y muy próxima a la realidad circundante, así como el montaje final, cuya fluidez y desarrollo permite un seguimiento de los sucesos agradablemente acomodado.
· Su decidida apuesta por postular a través de la recreación artística ficticia el papel real de la mujer en la sociedad actual, reivindicando unos derechos inherentes que son pisoteados aún hoy en día con demasiada frecuencia.

   
Sus desaciertos

· Un relato apoyado en un discurso utilizado cinematográficamente en demasiadas ocasiones, en esta ocasión  sin apenas giros apreciables, lo cual convierte la experiencia en demasiada plana, ya vista.
· Un desenlace esperado, que tira de tópicos y se muestra en exceso complaciente en contraste con el tono agrio de desencanto mostrado a lo largo de todo el recorrido.
· La ausencia notoria de un trasfondo musical de época, lo cual le resta enteros para reblandecer la historia de manera anímica. A nosotros este valor nos ha convencido, pero entendemos que le resta enteros a nivel comercia.l


 
Primeras impresiones

Con marcado acento independiente en sus formas y contenidos, esta historia mínima de cambio y emancipación se hace grande en sus gestos dialécticos, apenas remarcados por implícitas elipsis y diversas insinuaciones, y revierte en notable gracias a sus actuaciones francas y espontáneas, elogiables en cuanto a su veracidad y cercanía. Estos son los dos vértices sobre los que observamos su reconocida consistencia, aunque también es necesario admitirle, a nuestro juicio y ya desde el primer momento, cierto grado de sobrevaloración basado en las ansias por encumbrarla como el icono indie cinematográfico del año, así como el hecho coyuntural del carácter pro feminista que se ha arrojado sobre el filme, acertado aunque oportuno, en consonancia con los recientes episodios que destapan una lacerante lacra de la sociedad a través del inflexible espejo de la Gomorra más cinematográfica de los últimos tiempos.

Si por algo se ha caracterizado el 2017 cinematográfico, al margen de los proyectos y sus éxitos y fracasos, amén del pufo encarnado en las imágenes de los “mayores” Warren Beatty y Faye Dunaway en la Gala de las Galas, durante los Oscars 2017, será por el vergonzoso honor de figurar como el año donde por fin se destapó el abuso de género, la discriminación en distintos ámbitos, sufridos por el colectivo femenino en Hollywood, como en tantas y tantas otras esferas de la vida común. Escándalos sexuales o de reconocido abuso de poder gracias a los cuales algunos de los más poderosos de la industria, notables o populares, han ejercido su poder coercitivo sobre las más desfavorecidas o débiles han salido, afortunadamente, a la luz, generando justificados movimientos de reivindicación en aras de una igualdad de género que, lamentablemente, aun se vislumbra lejana hoy en día. Débiles cimientos que no debemos dejar degradar por la mal hábito o el paso del tiempo, como la igualdad racial demanda hace algunos años con poderosa fuerza desde la gran industria cinematográfica.

Esta perorata viene a cuento en la película que nos ocupa en el sentido que, a la simpatía natural que suelen generar en los tiempos más cercanos las producciones más originales con presupuestos más limitados, este año se le ha unido éste último factor; ahí están para ilustrar los casos citados ésta, Lady Bird, a la vez que Get Out (Jordan Peele, USA), como símbolo de la lucha contra la injusticia racial (?). Si bien la protagonista que responde al nombre de la película no sufre de manera incisiva la lacra de la desigualdad que marca y encadena, si debe soportar ciertas formas arquetípicas asumidas con normalidad que definen y orientan el recorrido vital de la existencia individual; esto lo observamos en los privilegios gozados por su hermano mayor, al margen de por su condición de primogénito, también por una evidente cuestión de género, o la distinta distancia con la que se observa la entrega de la experiencia primera o la virginidad entre Lady Bird y Kyle.

No obstante, sería injusto centrar toda la carga discursiva de protesta velada en el hecho de la desigualdad de géneros, ya que si por algo se caracteriza éste filme es por remarcar la absurda importancia que le otorga la sociedad actual a la valoración social sobre el individuo y como éstas acaban condicionando en la mayoría de los casos la libertad de su conducta. Originales y libres de prejuicios, garantes de su propia felicidad a espaldas de las valoraciones sociales, a decir verdad, tan sólo aparecen los pareja formada por el hermano de Lady Bird, Miguel, y su novia Shelley. Todo el universo restante y circundante de nuestra protagonista parece atenazado por el miedo sobre las decisiones tomadas de manera individual (la elección de sus preferencias sexuales para su primer novio, la propia aversión por no acreditar los patrones físicos que demanda una sociedad artificial de papel couché en su mejor amiga, la serena aceptación del paso del tiempo para el padre…) o influenciados por un oscuro pasado forjado a doloroso fuego (su madre, Marion). El resto, falsa y postiza felicidad basada en el materialismo más vacío o la evasión más absurda, en el caso de las amistades impostadas por la popularidad circunstancial de Lady Bird.

Y justo en el eje de esta soledad sustancial se eleva la figura de la protagonista, temperamental y con suficiente carácter como avanzar contra viento y marea adelante con sus propias convicciones, bien desoyendo los conservadores consejos de una madre eminentemente necesitada de cariño, con tanto amor para dar como acuciante temor de quedar inexorablemente huérfana de él, o bien equivocándose repetidamente en la adopción de roles ficticios que no le corresponden y le alejan de una realidad que le protege necesariamente a nivel afectivo.

Todo ello se advierte como necesario en el proceso de madurez de la protagonista, en un valiente método de ensayo y error que cualquier joven pájaro debería afrontar en la necesaria obligación con el fin de salir del confort de su nido. Porqué si bien ésta historia ya ha sido trasladada al celuloide en muchas ocasiones, y a pesar de que la que nos ocupa no presenta novedosos ángulos que realcen las aristas de éste tormentoso paso vital, la naturalidad con la que se ha rodado e interpretado la sitúan, justamente y sin alardes, en una posición desde la cual, con modestia y arrojo, se presentan los hechos de manera honestamente inequívoca.

 
Nuestra valoración · 6,9

Tras todo lo señalado, en resumidas cuentas nuestra valoración bascula entre los justos méritos que deben otorgársele a un proyecto realizado desde la pasión y la sinceridad, con una atención al detalle que se hace manifiesto a nivel narrativo y técnico, y las circunstancias coyunturales que la han aupado hasta una posición injustificada y sobredimensionada. Ni mucho menos es un filme despreciable, pero algunos de sus elementos nos parecen tan manoseados y temporales que acabarán, probablemente, remitiéndola a un justo lugar donde residir pasado la vorágine del ciclón de las nominaciones.


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