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    9 pelÍculas para 1 destino:  OSCARS 2017







La ciudad de las estrellas

(La La Land, Damien Chazelle, USA, 2016)


Sueños que se desvían




Sinópsis

En Los Ángeles cualquier cosa es posible, como que Cupido encuentre dos víctimas perfectas para sus planes provocando eventuales encuentros entre los jóvenes Mia (Emma Stone), aspirante a actriz que trabaja como camarera en los estudios de la Warner mientras persiste en acudir a castings, y Sebastian (Ryan Gosling), pianista de jazz que subsiste tocando triviales canciones toda vez que anhela promover el auténtico jazz en su propio local. Al fin se enamorarán e iniciarán una relación que deberá afrontar difíciles decisiones y costosos peajes, al enfrentar radicalmente los sentimientos comunes con los deseos perseguidos y los sueños quebrados de ambos. No obstante, todo puede convertirse en una maravillosa realidad en la ciudad de las estrellas.



Conceptos

Con las expectativas por todo lo alto tras el arrollador éxito de crítica y taquilla generado en su primer proyecto de autoría plena, Whiplash (2014), el nuevo estreno del autor de Rhode Island Damien Chazelle se esperaba con verdaderas ansias en muchos y distintos ámbitos del universo cinematográfico. La intensidad y fuerza del relato de sacrificio y superación, de enfermizas obsesiones y auténticas sanguijuelas humanas recreadas en un entorno musical aunque extrapolable a cualquier otro ámbito, acabó por calar muy hondo tanto en el fondo como en la forma, mediante una atrevida y personalísima concepción de los espacios, el uso de la cámara y la fotografía, amén de un trabajo de dirección con una exigencia de inmersión máxima.

Con esos precedentes, las escalonadas presentaciones de finales de verano del 2016 en Venecia, Telluride y Toronto arrojaron unas valoraciones soberbias, anticipando su posterior reconocimiento en los principales galardones anuales, además de establer un éxito sin precedentes en los Globos de Oro (ganando las siete categorías a las que estaba nominada) y los Óscars (14 nominaciones y 6 estatuillas, en la extraña, y ya para la posteridad, edición Beatty – Moonlight). La fórmula empleada para superar el dificilísimo escollo del súbito reconocimiento novel y refrendar una acusada autoría propia fue la de proponer una valiente puesta al día de la escena musical de la época dorada hollywoodiense de los cincuenta y sesenta, en el género por antonomasia más genuinamente americano junto al western. Así, a una acaramelada (que no blanda) historia romántica de encuentros y desencuentros, ya vista en anteriores ocasiones, añadió aspectos contemporáneos fácilmente identificables con el público actual, todo ello presentado bajo estructuras técnicas relevantes que si bien pueden pasar desapercibidas por la frescura y el ritmo de la narrativa se revelan como los esenciales artífices del éxito sostenido del filme.
 
Vamos por partes. Primero veamos brevemente la marcada estructura del relato, cuyo último segmento ofrece un interesante giro a la composición tradicional de este tipo de historias, mostrando un tiempo circular suspendido en la posibilidad de los detalles que a nosotros nos parece muy interesante.

Winter / Confluencia y pasión individual. Dos jóvenes con pasado y ambiciones muy distintas se conocen, coinciden accidentalmente en distintas ocasiones y lugares y acaban flirteando inocentemente, sin percatarse de que hay un punto en común que siembra el germen del amor entre ellos, la apasionada voluntad de perseguir sus propios sueños sin ceder a los envites que les va planteando la vida. El crepúsculo y la noche dominan el panorama, los tonos apagados y de interior se conjugan con una rica amalgama de fluorescentes luces eléctricas en contraste con granulados y limpias panorámicas exteriores, como la de la magnética secuencia inicial, la segunda de la piscina y la del definitivo encuentro en los estudios; las dos piezas del puzle van encajando paso a paso, desprendiéndose argumental y levemente de ciertos aspectos de su pasado, adquiriendo nuevas notas o matices vitales provenientes de este encuentro.

Summer / Amor y sueños desvanecidos. Con el amor ya arraigado, ambos encuentran sinergias compartidas que los elevan a un mayor estado creativo, a la vez que deben tomar decisiones vitales sobre sus sueños más inherentes y la vida que comparten; Mia y Sebastian aceptan ciertos sacrificios individuales (el con un empleo contra natura a regañadientes, ella con las ausencias que se desprenden de ese trabajo) por el bien común, pero las circunstancias que se originan en sus obligaciones los acaban arrojando a un estado de distanciamiento que supera el espacio y se inserta dolorosamente en los sentimientos mutuos, produciéndose la ruptura y el recogimiento. No obstante, el caprichoso azar acaba generando un leve encuentro, generado por la oportunidad de alcanzar los sueños anhelados de Mia, aunque ello implique comenzar una nueva vida, alejada geográficamente de Sebastian; la valentía, el respeto y el cariño establecen ésta nueva situación. En este segundo tramo, de nuevo se ponen en práctica excelentes decisiones técnicas y conceptuales adoptadas con el fin envolver el relato, como las dos secuencias en la sala del pequeño apartamento común, la primera expresivamente marcada por un profundo amor acompañado al piano, la segunda dominada por una tensa discusión y repentina separación alrededor de una mesa, ambas iluminadas teatralmente de igual modo; o bien el magnífico momento del concierto donde se evidencia el cambio de perspectiva de Sebastian, la pérdida de su esencia y como Mia se aleja paulatinamente hacia las sombras, engullida por la masa del éxito ajeno. Síntesis y exposición, cambios existenciales que la vida proporciona, decisiones vitales que marcan la biografía.

Winter / Epílogo divergente, estabilidad y añoranza. Cinco años de elipsis, biografías estables constituidas, pero nada es completamente como nosotros nos habíamos imaginado. Las decisiones adoptadas conducen en ocasiones hacia sendas inesperadas, y eso es lo que vemos en Mia, felizmente casada, convertida en una estrella de la ciudad de los Ángeles, escogida por el destino más caprichoso; un leve desvío, otra decisión venturosa y un reencuentro en la distancia, en el local de jazz de Sebastian. Aparentemente, ambos han logrado alcanzar sus sueños más profundos, han conseguido aquello por lo que tanto se esforzaron, pero sus corazones todavía guardan dolorosas espinas atravesadas; lo que pudo ser para los dos y no fue, los desvíos que surgen como consecuencia de nuestras decisiones, un vida distinta pérdida para siempre en el tiempo; y el cariño y el respeto mutuo de unas plenas miradas que se cruzan, el respeto que amanece por una leve sonrisa. Veinte minutos finales imprescindibles, porque no especulan fútil y gratuitamente, porque hasta aquí se nos ha mostrado los avatares del tiempo y las situaciones sobre la existencia, y así se cierra el relato, condicionando toda la historia a un gesto inadvertido, a una rápida decisión tomada, permitiendo además cerrar el arco narrativo con una nota optimista, sin el pósito agrio del distanciamiento.



        



El Personaje

Puede pasar inadvertido para la mayoría de los espectadores interesados tan sólo en el puro entretenimiento que ofrece, debido a la intensidad y el ritmo que adquiere la historia y que nos absorbe a poco que nos dejemos llevar dulcemente por sus notas, pero si alguien sobresale y somete a su voluntad la forma y el fondo de este espléndido filme ese no es otro que el propio director, Damien Chazelle.

Efectivamente, éste es un proyecto de autor, personalísimo en todos sus detalles, depurado en su técnica. La cámara se mueve grácilmente a su antojo, demostrando una certera clarividencia para plasmar en imágenes lo que persigue, mediante escuetos encuadres fotográficos realizados desde ángulos, aunque parezca lo contrario, poco caprichosos y, sobresalientemente, guardando en todo momento la distancia idónea con el sujeto grabado, consiguiendo una óptima cercanía del espectador con la escena que visualiza, insertándonos plenamente en la acción narrativa, haciéndonos partícipes directos del plató de los sueños estrellados.
 
Aun teniendo una debilidad extrema por el exquisito uso de la distancia focal, también cabe destacar una buena ejecución del sonido y un apropiado empleo de la iluminación (con precisos recursos como los de los fundidos graduales sobre el sujeto en panorámicas…) como apoyo de una ajustada fotografía, amén de unos coloridos decorados y vestuarios que ambientan fidedignamente la heterogénea diversidad, los contrastes profundos, de las realidades paralelas que conviven en la ciudad de los sueños.

 En definitiva, el conjunto de soluciones técnicas adoptadas para desarrollar este filme acaba ofreciendo unos resultados francamente brillantes, enalteciendo la historia a unas cotas muy por encima de lo que el fondo de su relato sugiere, y confirmando al director norteamericano como uno de los jóvenes directores con una personalidad propia más valiente y acentuada, a la par que acertada, del panorama cinematográfico actual.


La toma / la secuencia

Existen secuencias verdaderamente maravillosas a lo largo de todo el filme, momentos de puro sentido artístico que remiten con asombrosa singularidad a grandes clásicos de la cinematografía norteamericana de su época dorada: la enorme secuencia inicial, sin corte alguno, de una complejidad espacial y de coordinación mayúscula, todo una declaración de principios, secundada más tarde por la secuencia inicial del apartamento y la de la piscina nocturna; la correlación de hechos acabada en precisa síntesis de su epílogo, o algunas que muestran un dinamismo enérgico en el interior del club de jazz, mostrándonos lo vivo que está todo.

A mi parecer, sin embargo, la que posee mayor magnetismo y superior capacidad significativa es la secuencia central, bisagra, en la que los dos protagonistas interpretan el tema central del filme frente al piano en el apartamento y después sigue sonando la melodía mientras vemos el devenir de los hechos. Realmente se palpa una química entre los actores en la interpretación a dúo de City of Stars, a través de sus gestos, sus miradas, su decidido y alegre tono: un mundo de posibilidades se abre ante ellos, se sienten capaces de madurar sus sueños de manera conjunta, a través del amor. Pero la melancólica melodía sigue sonando, y la realidad impone sus contras.

A través de rápidas tomas, encadenadas mediante suaves efectos de transición en fundido, vemos a Sebastian y Mia adoptar resueltas decisiones vitales: ella deja su trabajo de camarera y se pone a escribir sin descanso el libreto y preparar en un pequeño local su debut teatral; él firma contrato profesional con The Messengers e inicia la gira; la distancia entre ambos se ensancha, debido a sus ocupaciones y horarios desiguales; el cansancio y la ausencia hacen mella; todo empieza a marchitarse lánguidamente, como el viejo Rialto donde comenzaron su viaje conjunto; al fin, la melodía acaban por cantarla de nuevo juntos, corazones cómplices, pero nosotros ya intuimos que algo se resquebraja. El otoño está próximo.





La valoración

A todo lo señalado como lo más relevante, cabe añadir las interpretaciones, ajustada y sucinta (algunos insisten en señalarla como insulsa) en el caso de Ryan Gosling, sorprendente y radiante en Emma Stone, la cual en verdad despliega un torrente emocional que consigue traspasar la pantalla. En conjunto, pues, nos encontramos ante un poderoso ejemplo del poder cinematográfico para secuestrar nuestra atención y nuestro ánimo de una manera naturalmente artística, al mismo tiempo que despliega un arsenal de herramientas que la definen y erigen como puro ejemplo de inteligente entretenimiento con corazón. Sospechamos que el paso del tiempo, al contrario que a sus caracteres, no la modificará negativamente, sino que más bien la erigirá como un clásico debido a sus valores intrínsecos.

 
 Nuestro veredicto: 9,5


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