Joker - Travelling circular

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Joker

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Joker (Todd Phillips, USA /Canada, 2019)


 
 
Sinopsis (de qué va)

Gotham City es una ciudad de difícil gobierno, una ciudad más donde conviven poderosos contrastes y notables injusticias con los más desamparados, con un sistema de protección hacia los más débiles que se resquebraja. Uno de ellos, clown callejero y comediante frustrado con evidentes problemas de estabilidad mental, Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), es también ignorado y maltratado por la sociedad, pero será la aparición de un arma y la revelación de un horroroso secreto del pasado los que acaben de encender la mecha de la locura y la revolución, amparados en su carismática nueva figura, el Joker, y en el caos como herramienta.


 
Sus hechizos

· Joaquin Phoenix, desplegando un auténtico repertorio expresivo que alcanza cotas soberbias en los momentos menos desmesurados, en aquellos gestos más sutiles y que menos captan la atención.
· Joaquin Phoenix, one more time, por su concienzuda voluntad de sumergirse en tortuosas biografías hasta límites radicales, como otros pocos compañeros de profesión (léase Christian Bale), cambiando de aspecto físico de manera sorprendente.
· La banda sonora de Hildur Guðnadóttir, unas persistentes modificaciones con un violonchelo como virus arraigado a una permanente y grave sensación de malestar, de profunda tristeza y depresión, que nos arrastra inexorablemente hacia una segura fatalidad inexorable
· El diseño de producción, con la notable recreación de un Gotham oscuro y sucio, unos apartamentos o espacios administrativos abigarrados en su desorden, en claro contraste narrativo con otros espacios más pudientes, como el teatro o la mansión Wayne.
· La impactante crudeza con la que están resueltas las secuencias pico, aquellas en las que explosiona todo el cúmulo de sensaciones nocivas acumuladas con una virulencia descarnada, sin concesiones.


 
Sus desaciertos

· Con tanta acumulación notable, el guion queda como la parte más débil. Al margen de haberse recreado con anterioridad ya relatos con un discurso muy similar, el elogio de la violencia con argumentos tan sólidos, aún con la defensa en la locura derivada del abuso del sistema sobre los más débiles, parece poco defendible.
· En este sentido, su conclusión nos invita a tomar partido del lado más cómodo, acercándose al débil sin mostrar compasión por los actos que éstos producen. Sí, es una ficción y se ampara en trazar el origen de una personalidad trastornada, pero bajo esa premisa argumental también subyacen poderosas y peligrosas reflexiones.


 
 
Primeras impresiones

 
Joker golpea, es innegable, de una manera u otra. Tras revisionarla por segunda vez sigo teniendo las mismas sensaciones encontradas, que ya experimenté en mi propia premiere: fabuloso trabajo de interpretación, notable recreación visual de un estado de las cosas que presenta injuriosos contrastes, constante caída hacia un pozo sin fin anímico, en el que permanente angustia vital no encuentra remedio, gracias a un banda sonora determinante, y finalmente, un guion que me deje insatisfecho y, más importante, me recuerda que no, que nada justifica ni legitima la respuesta violenta, que ningún agravio sufrido en el pasado o en un recurrente e injusto presente perdona las acciones más atroces. Estoy convencido que estamos donde estamos, a nivel global y particular, por el rencor y el odio: el gran cáncer sin duda de la humanidad es, junto a la insensata ambición desmesurada y la nula empatía hacia el otro, el permanente rencor que nos empuja hacia el odio.

Pero estas reflexiones a título individual ya son significativas, ya muestran la importancia del filme, en el sentido de que remueve y promociona pensamientos sustanciales, que su objetivo, más allá del entretenimiento, es la exposición de circunstancias universales. Ya vimos anteriormente en la gran pantalla personajes torturados por un lacerante pasado que les ha provocado, en mayor o menor grado, secuelas a nivel mental (el Travis Bickle de Taxi Driver o el magistral Spider de Ralph Fiennes), ya hemos visto como toda esa rabia e injusticia, esa falta de aliento sin remisión provocaba actos reprobables o tristes desenlaces, pero lo cierto es que en esta ocasión Joaquin Phoenix (también) logra situarse en un lugar de honor con su inmersión en el papel de Arthur Fleck, otro paria más del sistema al que ni su entorno cotidiano (compañeros de trabajo, vecina…) ni su propia familia (en este caso, una egoísta madre sin remordimientos ni capacidad de amarse más que a ella misma) le da esa comprensión y, más importante, ese cariñosa abrazo que tanto desea y necesita. Su gestualidad es en sí mismo el filme, en su cambiante estado de ánimo, con esa implosión de nervios que se desahoga con el movimiento frenético de sus piernas, en esa nerviosa y descontrolada carcajada, o con la dulzura de su sonrisa soñadora, la cual acompaña los sincopados movimientos ante la televisión o sus imaginarios encuentros con su vecina. La sombra eclipsa su rostro en los momentos de mayor gravedad, cuando observa desligado de su propia locura la locura del mundo exterior que habita, la permanente injusticia de unos hombres que han fabricado unos normas sociales sólo para ellos mismos y su beneficio, poco equitativas y muy abusivas, en las que se desprecia al “otro” de un modo profundamente hiriente.

Existe un momento en el que parece despejar la negra borrasca existencial, un instante que despierta con optimismo una esperanza vital para nuestro protagonista. Quizás, con la revelación de tener un padre identificado y una vecina que se muestra amable con él, quizás pueda encontrar en ellos esa respuesta cariñosa y comprensiva que siempre ha necesitado… pero no, su búsqueda tan sólo encontrará indiferencia y rechazo, de nuevo. Con este panorama y con el añadido de descubrir la gran mentira sobre la que se aguanta toda su vida, una mentira que debería quedar oculta por el horroroso mal que arrastra y sólo puede provocar una inflación de un estado mental dañado, tan sólo se contempla una salida, una consecuencia natural de esos hechos: borrar su sustantivo de la ecuación.

Pero el ser humano tiende a ser por naturaleza malvado y cruel, al menos así lo observa desde sus coordenadas Arthur Fleck, y es ese motivo en el que ampara y justifica sus actos de venganza, su búsqueda de la justicia mediante la eliminación de los sujetos que le dañan o no lo entienden, sin importarle saberse promotor de una revolución social, espoleta del levantamiento de los marginados, justo hasta el final cuando, ya liberado, sonríe al ver el caótico espectáculo callejero, convertido él mismo en el príncipe de la anarquía, mientras un joven Bruce Wayne resta con sus progenitores muertos en un sucio callejón, con un mundo de comodidades y amoroso amparo que acaba de derrumbarse y que, sin duda, supondrá el germen de la futura y legendaria enemistad entre la Justicia y el Caos.

A la postre, las sensaciones son muy satisfactorias, siempre y cuando pueda hacer el difícil ejercicio de desligar el relato de su latente discurso, cosa harto difícil habida cuenta de la notable maestría con la que esta erigida la estructura del proyecto, con fuerte puntales arriba señalados. Una película visceral y necesaria, con muchos valores destacables, uno de los mejores proyectos de 2019.


 
Valoración · 8,7


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