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It Comes At Night

Impresiones / Reseñas > Gran Angular > Terror





 
 
Llega de noche

(It Comes at Night, Trey Edward Shults, USA, 2017)


 
 
Por la caridad entró la sarna

 
 
Sinópsis
 
 En un hogar yermo y desolado en medio del bosque, sin rastro aparente de civilización, convive una unidad familiar liderada por Paul (Joel Edgerton), su esposa Sarah (Carmen Ejogo) y su adolescente hijo Travis (Kelvin Harrison, Jr.). Al parecer, una epidemia de origen desconocido está devastando la existencia sobre la faz de la tierra, alcanzando sus estragos a un miembro de la unidad, el abuelo Bud (David Pendleton) Junto a sus vigilantes, protectores y fuertemente armados padre, Travis bascula entre el miedo, el dolor y la paranoia en medio de escasos recursos y excesivas precauciones hacia el exterior.
 Una noche alguien intenta acceder a la casa, siendo violentamente arrestado. Se trata de Will (Christopher Abbott), el cual está desesperado por encontrar víveres básicos para su compañera y su pequeña hija. Tras pensarlo mucho, Paul accede a compartir los recursos entre las dos familias en su propia casa. La convivencia será malsana, ya que a pesar de las mejores intenciones de ambas familias el pánico y la desconfianza los abordarán a medida que los horrores del mundo exterior se acerquen cada vez más. Pero no son nada comparado con los horrores internos, mediante los cuales Travis descubrirá que el compromiso adquirido por el padre para proteger a su familia puede llegar a alcanzar cotas de locura.

 
Conceptos
 
Producto low cost con bastante repercusión boca-oreja, lo cual le ha acabado asegurando un rédito comercial importante (ha triplicado su inversión), podríamos trazar ciertos paralelismos entre la manera de entender el producto y fijar los objetivos de algunos de los éxitos de género indies más recientes, como It Follows (David Robert Mitchell, 2014), sobre todo en la intención de narrar poderosas ideas de manera sintética, conceptos mediante el empleo de símbolos, en un intento de sugerir más que de mostrar. Lo importante, lo esencial no aflora hacia el exterior del relato, sino que permanece latente en su interior, ajeno a las circunstancias que se van sucediendo.

 Miedo. Una de las sensaciones que sobrevuelan con una pulsión latente, constante, y se evidencian de manera acentuada en distintas fases o escenas del filme es esa sensación de desamparo que recorre los gestos de los distintos protagonistas, un sobrecogimiento gélido ante lo desconocido pero ciertamente horroroso. Distintos símbolos llenan la pantalla para advertirnos y recordarnos que nada plácido ocurre en ese lugar, fundamentalmente encarnado en el intenso color rojo de la puerta, signo indistinto de peligro, la cual marca la frontera entre la seguridad interna de la casa, su microcosmos, y la devastación irracional que procede del bucólico y amenazante exterior.
 Pero distintos síntomas nos indican, a la vez, que la aparente tranquilidad del interior del refugio no es tal. El respeto reverencial, temeroso, ante una rígida estructura de poder donde sólo manda uno (a pesar de las reuniones colectivas para decidir) y donde la arbitrariedad de las normas ejercen su imperio de manera despiadada sobreviene también como marca indistinta de que la convivencia no es posible en esas circunstancias. Las consecuencias de ese ambiente artificial, enrarecido, unido al temor por el peligro de afuera devienen en consecuencias fatales, a la postre catastróficas; las terroríficas pesadillas recurrentes del joven Travis, no por lo que representan sino más bien por las seguras consecuencias que acarreará la posibilidad de que se hagan reales, anticipan el lúgubre final. Porqué, al fin, lo que acabamos comprendiendo es que el terror no llega de noche ni reside en el exterior, sino que está dentro de cada uno de ellos, de sus pensamientos y actos que violan toda conducta ética y borran cualquier rastro de dignidad humana.

 Soledad. Primeros planos donde la contención gestual, las miradas de desaliento y temor muestran la inmensa soledad en la cual andan ahogados todos los miembros de la casa, soledad impulsada por la distancia que impone el desconocimiento de qué y por qué se encuentran en esa situación de aislamiento, soledad cuyo sólido peso es un habitante más de la estancia, asfixia y produce una tremendo sentimiento claustrofóbico, soledad que en definitiva promueve estados de permanente desconfianza hacia el otro, quebrando sin solución todo lazo de empatía natural y generando un abismo entre los distintos personajes.

  Horror primigenio.  El miedo y la soledad acaban abocando a los supervivientes del desconocido apocalipsis a defender(se) de manera brutalmente violenta, irracionalmente salvaje, su entorno más cercano y los aspectos materiales más básicos para seguir existiendo durante no se sabe cuánto tiempo más. Sus actos son fundamentales, primitivos, definitorios, a ojos de los suyos propios.
 Los gritos desesperadamente desgarradores de la madre al perder a su hijo, la gélida y terrorífica suplica de acabar con una existencia sin futuro ni ningún presente. El horror desvalido de su mujer al observar los injustificables actos de su marido y del hijo al confirmar la locura de su padre, el de éste mismo al confirmar sus temores e imaginar el mismo fin para si mismo que el de su querido abuelo… y la escena final, un espacio destinado a la unión devastado con dos seres ajenos y extraños, sin ningún motivo siquiera para mirarse a los ojos. Síntesis conceptual, economía de medios.



    

 

El personaje
 
Sin duda alguna el miembro más joven de la familia residente, Travis, cuyo punto de vista es constantemente el nuestro, nosotros acabamos siendo él por proximidad relativa en la parte anímica, alejado de los extraños, por violentados o sumisos, comportamientos que muestran el resto de habitantes de la casa. De modo que asistimos estupefactos al desarrollo de unos hechos que van mucho más allá de las supuestas circunstancias que los propulsan, mezclando hábilmente el miedo ante el origen desconocido ante la amenaza exterior latente junto al conocimiento del horroroso fin a través de la experiencia mostrada en la primera secuencia; pero, por encima de todo, el horror más profundo y primitivo ante la deshumanización del hombre, ante la injuria de la ética, contrastando la disciplinada e inflexible sobreprotección que arroja a cometer actos irracionalmente despiadados con la leve sonrisa que despierta en él esos momentos de amor, de sentimiento universal, no vistos pero si sentidos desde la estancia superior al amparo de la noche,  y que acaban llegando al alma.

 
La toma / la secuencia
 
Todas aquellas que se alejan del efectismo mostrado por las pesadillas o febriles elucubraciones del raciocinio, las que van mostrando seca y crudamente, sin tapujos, el horror del comportamiento irracional. La inmisericorde y violenta determinación de Paul, reflejado en su duro rostro, al incinerar al abuelo o rematar a los asaltantes, la tensión generada en medio de la noche ante la intrusión con la forzosa necesidad de evitar un posible contagio externo gracias a las máscaras y guantes, las distintas miradas, de poder y subordinación, que se cruzan constantemente en los mal llamados encuentros y reuniones alrededor de la mesa. Todas esas escenas de carácter simple, alejadas de cualquier efectismo inútil, definen el nervio del filme, más interesado en trazar comportamientos que no en narrar circunstancias.


La valoración
 
Minimalista thriller psicológico apoyado en una tenebrosa y tosca fotografía y unas interpretaciones contenidas aunque emocionalmente potentes, ideado como estudio de la conducta humana en situaciones desesperadas, su error viene más del márquetin y el verdadero hype despertado por sus mismos avances que no de sus intrínsecas cualidades. Vendida como película de terror psicológico, es más adjetiva que sustantiva, aunque no por ello nos empuja al terreno del horror sin trucos baratos ni abuso de técnicas propias del género. Un buen ejemplo de la fusión de perspectivas cinematográficas que siguen abriendo nuevos horizontes para la contemplación realista del individuo con un enfoque fantástico y su correlación con entornos cada vez más hostilmente dominantes.


 Nuestra nota: 6,9


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