It Chapter Two - Travelling circular

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It Chapter Two

Impresiones / Reseñas > Gran Angular > Terror




 
It Chapter Two (Andy Muschietti, Canadá / USA, 2019)


 
 
Sinopsis (de qué va)

A pesar de ser derrotado por miembros del Club de Perdedores, el malvado payaso Pennywise cumple su ciclo temporal y regresa, de nuevo, 27 años más tarde para aterrorizar a la ciudad de Derry, Maine. Cumpliendo su promesa, It vuelve para alimentarse voraz y sangrientamente de jóvenes, al tiempo que los siete amigos deberán cumplir también las suyas, reuniéndose de nuevo con el fin de salvaguardar sus vidas y proteger las de los demás dando caza al siniestro y multiforme payaso asesino, afrontando sus propios fobias y temores más profundos.


 
Sus hechizos

· Su guion, el cual muestra una personalidad absoluta para la alteración de sucesos en orden de importancia desde el respeto al material original.
· El empeño de autor por adscribirse al cine de género desde la representación de sus tópicas desde un enfoque identitario singular y propio.
· Su estructura segmentada, con un magnífica presentación del malvado Pennywise y un desarrollo que muestra por igual a cada uno de los protagonistas enlazando pasado y presente a través de sus fobias y temores.   
· Su trabajo de maquillaje y fx’s, sin apenas identificación de empastes en las transformaciones del diabólico Pennywise.
· De nuevo su apartado sonoro, tanto en su exuberante edición de sonido como en una banda sonora de ensueño, combinando luminosos claros y oscuros profundos, de un pujante Benjamin Wallfisch.
· Su capacidad para entretener y retener la atención del seguidor a pesar de su larga duración, la cual a pesar de ser excesiva no se acaba convirtiendo en un lastre.

   
Sus desaciertos

· Su pérdida de peso narrativo y efecto sorpresa en comparación con su predecesora, recurriendo a escenarios principales ya vistos en la primera parte de este díptico de terror.
· Su falta de empaque emocional, al revertir el encanto del afecto dramático de los jóvenes de It en unos adultos 27 años mayores en It Chapter Two, a pesar de los constantes y notables flashbacks.
· Una resolución que baja enteros con el tono general del filme, ya vista en It de manera más deslumbrante, poco espectacular en sí.
· El contraste que se observa en la resolución de algunas secuencias, absurdamente inverosímiles en algunos casos e impactantemente anímicas en otros.
· El final, un happy end demasiado forzado que no encaja ni en la modulación del relato ni en un progreso interior vital de unos personajes que se advierten ya agotados en su conclusión.

 
 
Primeras impresiones

 
Como ocurre en todo secuela basada en un texto literario adaptado, en este caso además con el origen en un súper ventas de reconocido prestigio, existen varias maneras de aproximarse de aproximarse a esta nueva adaptación, pero el resultado final siempre va a ser invariablemente el mismo, el mismo que busca como objetivo principal: entretener. Y esto a pesar de su extensa duración, en lo que parece ser una nueva corriente del cine norteamericano contemporáneo, en la mayoría de los casos con consecuencias que afectan de manera directamente negativa a su cuenta de resultados.

Desde esta premisa y objetivo, la nueva entrega del director argentino alrededor del payaso más siniestro de la literatura de género se erige como un producto que no consigue perdurar en la memoria en cuanto a su discurso pero sí, y de manera incuestionable, en tanto a sus enérgicas formas visuales. Su prólogo ya se formula como todo una declaración de intenciones acerca de lo que está por venir, al tiempo que advierte a los  espectadores despistados ajenos al género de las escasas concesiones que les va a proporcionar el filme: brutalidad homofóbica descarnada, terror visceral con la primera aparición de Pennywise y su conversión salvaje en un It hambriento que se deleita masticando el corazón de su primera víctima, violencia que no ahorra en potentes efectos sonoros e impactantes desgarros sangrientos que laceran la visión del espectador, en una secuencia que entra a saco en el tema que va a tratar.
A partir de ahí, todo va linealmente en una línea ascendente hasta su resolución, la cual adolece de una pérdida de energía lastimosa aun compresible. Pero la primera parte vale mucho la pena, como un decálogo de cómo disponer de todas las herramientas disponibles para impactar el ánimo sediento de un público especializado en esta suerte de aventuras. La citada primera secuencia de la feria, la magnífica del campo de béisbol y las entrañas de las gradas (¡que iluminación más precisa, que lucimiento gestual de Bill Skarsgård!), la maravillosa presentación de cada uno de los adultos Perdedores en su entorno actual (en qué se han convertido esperada e inesperadamente, cómo reaccionan al golpe súbito de la llamada del pasado…) el soberbio acto del restaurante oriental (trufado de deliciosos y amenazadores bichejos producto de una alucinación común), todo, absolutamente todo, rodado con un vigor dinámico estimable, mediante diversidad de encuadres y tomas, amenizado con una banda sonora inquietante, nos invita juguetonamente a subirnos al trepidante tren de la bruja (en este caso, del payaso) del terror.

El filme se segmenta capitularmente en base a la búsqueda por parte de cada uno de los seis Perdedores de su amuleto protector, de su poderoso fetiche de ataque, dirigiendo el relato a zonas comunes, relacionando el espacio con el individuo y el efecto en ambos del paso del tiempo, plasmando todo ello en pantalla a partir de flashbacks notablemente fusionados con el relato presente. Lógicamente, el siniestro Pennywise hace acto de presencia de manera diversa, amenazando los débiles pilares vitales de cada uno de ellos, aunque al fin todos logran sortear su crepitante caza y fortalecer una postura decidida y común, que los acaba conduciendo al epicentro de la maldad, de nuevo el caserón donde se encuentra el pozo/guarida del payaso asesino. Y es a partir de aquí, penúltimo tercio de la película, donde observo una pérdida de fuerza del filme, involuntaria pero muy evidente, al transitar por espacios y formas ya presentadas en la anterior entrega, lo cual resta originalidad e impacto en el devenir de la resolución. Sin ser demerito de este buen proyecto, al final el relato se ve mermado por la decisión de repartir la extensa historia en dos mitades, debiéndose citar la primera, al fin, de manera sensata pero inevitablemente ya disfrutada.

Como esencia temática que envuelve más allá del mero adorno al motivo principal del proyecto, It Chapter Two exhibe una reflexión acerca del poder del recuerdo, de lo selectiva que es la memoria vital y como solemos jugar con nuestras propias experiencias de manera inconsciente en provecho de nuestra protección. Comúnmente, las experiencias dolorosamente traumáticas (como las que sufren los jóvenes protagonistas en la primera entrega cinematográfica del clásico de Stephen King) suelen ir al cajón de los recuerdos protegido con más candidos de nuestro cerebro, justo al lado del arcón del olvido, y allí suelen quedarse hasta que lo reclama como auxilio explicativo una circunstancia análoga o una consecuencia insospechada de aquellos actos, y esto es justo lo que intenta recrear el excelente primer segmento del filme. Nadie quiere recordar promesas realizadas antaño al amparo de la calidez juvenil, todos han olvidado aquello a pesar de que son lo que son y viven lo que viven desde el germen de aquellos sucesos; sus fobias, éxitos, temores o frustraciones tienen su origen en sus relaciones y actos del pasado, y la confirmación o el cambio de lo que son debe pasar indefectiblemente por reconocer el pasado como estructura del presente. Es desde ahí que se construyen los fundamentos del futuro.

En conclusión, estamos ante un blockbuster de género sobresalientemente acotado, sumamente entretenido, que aporta al margen de sus objetivos maduras reflexiones acerca del tiempo y sus efectos sobre los seres humanos. Y, fundamentalmente, más allá de las correctas aunque poco esplendorosas actuaciones de los Perdedores protagonistas, siempre nos quedará uno de los más maravillosos y espeluznantes malvados del género en nuestra retina cinéfila, un Pennywise terrorífico que no podía encontrar mejor alter ego que  Bill Skarsgård. Sólo por el ya merece la pena el viaje.



 
Valoración · 7,6


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