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I Lost My Body

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I Lost My Body (J'ai perdu mon corps, Jérémy Clapin, Francia, 2019)


 
 
Sinopsis (de qué va)

En un laboratorio parisino, una mano cortada escapa de su destino infeliz e inicia un arduo viaje a través de los peligros cotidianos de la ciudad. En busca del cuerpo al que pertenece, los recuerdos de la existencia completa vivida con su propietario, un humilde repartidor de pizza llamado Naoufel, nos mostrará una historia de infortunios y crueles circunstancias,  desde la más tierna niñez hasta el momento y los hechos que provocaron la desunión de los miembros naturales de su cuerpo.


 
Sus hechizos

· La sencillez que luce su premisa en perfecta conjugación con la profundidad de su discurso, complejo y universal desde lo sustancial.
· Su capacidad para atrapar el interés desde sus primeras secuencias, manteniendo el interés mediante un desarrollo que alterna en perfecta sintonía las dos partes.
· La perspectiva y ángulos que adopta en la dinámica de la animación, sobre todo en lo relativo a la mano, captando una profundidad de campo por momentos poco usual.
· La partitura musical principal, sensible en la parte anímica para así complementar el drama existencial del protagonista desde los recuerdos de la mano, así como los peligrosos avatares de la mano en su dificultoso camino de búsqueda
· La moraleja que subyace al texto en su conclusión, todo un canto a la esperanza de los logros más inverosímiles a pesar de las trabas que propulsa con frecuencia el destino más cruel.

   
Sus desaciertos

· Escasamente, los personajes de reparto, con poco perfil de profundidad, apenas perfilados desde algunos estereotipos que contrastan con el mimo dispuesto sobre el triángulo protagonista.

 
 
Primeras impresiones

 
De nuevo, una de las producciones locales de Netflix, entre la ingente cantidad de material que propone cada mes, vuelve a relucir con fuerza sobre el resto de su catálogo, gracias en este caso a la profundidad narrativa de una historia que ahonda, desde el relato de una historia mínima muy particular, coyunturas cotidianas que cubren el aspecto anímico más íntimo y a la vez universal de la existencia humana. Porqué sí, todos tenemos algo de Naoufel, todos nos identificamos en lo sustancial, en sus formas más genéricas, con sus dramas vitales y los infortunios trascendentales que el destino le depara a lo largo de su vida, a pesar de sus inconscientes intentos por sortearlos. Quizás porqué el destino en sí no existe, como proclama Gabrielle, sino tan solo el devenir de la existencia, un rio que fluye y en ocasiones acuna a bellas flores y en otras topa con afilados guijarros en su curso.

Poética y altamente emocional, se apoya en un montaje discursivo dinámico y fluido, con alternancias sincronizadas en la mayoría de las ocasiones a través de elementos genéricos entre cuerpo y mano, todo ello reforzado a través de unas composiciones dramáticas que recuerdan constantemente el fatal desenlace que está por desvelarse así como el cruel camino que han seguido ambas partes separadas. Ensambladas de este modo, los distintos cuerpos del filme se hilvanan de manera muy sentida sin regodearse en el drama ni caer en la trampa de la lagrima fácil, mostrando un relato que más bien discurre con carácter y valentía sin proponer ni proyectar lamentos acerca de lo que se cuenta, exponiendo los hechos desde un punto de vista externo que marca distancia en la parte de valoración, dejando esto en manos del espectador, el cual debe juzgaren definitiva si el esfuerzo no es más positivo que la remisión y el sollozo.

La animación es notable, sensiblemente terrenal, aunque no presenta grandes concreciones ni interés detallado en los fondos; su preocupación se centra particularmente en la historia, sin que ello suponga que se descuida el aspecto técnico. Fundamentalmente, las secuencias que brillan con más intensidad son las del hilo primero y principal, las relativas al viaje de la mano y los infortunios constantes que ha de sufrir, los peligros que corre paulatinamente y el movimiento que efectúa, con giros de enfoque y ángulos diversos (la perspectiva subjetiva de la misma es magnífica, excelentemente trabajada) y una reflexión final, a través de su quietud estática, que plantea la relatividad del infortunio, en contraste con el que cree haber sufrido hasta el momento de su separación.

Nuevo ejemplo de maestría para la animación adulta llegada desde tierras galas, ya galardonada con los máximos reconocimientos de género del momento, está llamada a ser un clásico de visionado imprescindible para todo amante de la animación y, más allá de nosotros, para todo aquel que quiera sentir removerse algo en su interior, con aquello que se cuenta, con cómo se cuenta y lo que se desprende de esta historia con final revelador. Una de las imprescindibles de este 2019 y más allá, sin duda.


 
Valoración · 8,7



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