Hacksaw Ridge - Travelling circular

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Hacksaw Ridge

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    9 pelÍculas para 1 destino:  OSCARS 2017







Hacksaw Ridge

(Mel Gibson, Australia / USA, 2016)




En pocas palabras

Desmond Doss (Andrew Garfield) es un hombre sencillo con una tendencia natural a ayudar a la gente, cuyo entorno más cercano está afectado por los problemas de alcoholismo que sufre su padre, afligido veterano de la Primera Guerra Mundial. Con la irrupción de la Segunda Guerra Mundial, Desmond se alistará como médico militar negándose a tocar un rifle según sus profundas creencias religiosas, hecho insólito que acabará resolviéndose mediante un consejo de guerra el cual resolverá enviarlo al frente de Okinawa, en donde se enfrentarán sus convicciones pacifistas con una realidad sangrientamente violenta. Mientras los demás combaten por arrebatarle la vida al enemigo y diezmar su fuerza, el luchará por salvar su propia alma a través de la cura de los despojos humanos que quedan tras la contienda.

Nos ha gustado

Por la determinación del proyecto, el cual sabe exactamente hacia donde quiere dirigirse y que debe ofrecer para conseguir el máximo resultado, y lo hace de un modo sumamente hábil y decididamente firme. Nos encontramos ante el relato de una biografía heroica en el ámbito bélico, desarrollándose el filme bajo unos parámetros de montaje muy precisos en su edición final; y así es, mostrándonos el duro sufrimiento en la contienda mediante una breve elipsis inicial para retroceder hacia el pasado seguidamente, hacia un tiempo pretérito y una circunstancias concretas que configuran y justifican el talante y las decisiones Desmond Doss, para que una vez establecida esa profunda empatía natural hacia el protagonista observemos con detenimiento sus proezas y hazañas de vuelta al principio. Todo un éxito que trasciende a los amantes del género bélico y cala hondo en la mayoría de los espectadores, a pesar de su extendida duración.

La planificación y el rodaje de la batalla, con unas escenas que combinan diferentes técnicas y estilos con encuadres intensamente adecuados, en los cuales no se escatiman la inclusión de gráficas y durísimas imágenes para, de este modo, realizar una aproximación lo más cruda y verídica posible acerca del sinsentido y la locura del horror de una batalla en el cuerpo a cuerpo, gracias al apoyo de una fotografía tenue en contraste con los tonos bermellones, pardos y cobrizos propios de la devastación de la carne y las entrañas humanas en medio del terroso de la colina Hacksaw.

La inteligente utilización de un sonido que amplifica la intensidad del fragor de la batalla, pudiendo sentir los silbidos o los impactos de las balas sobre los cuerpos, la abrasante sensación de los lanzallamas sobre la carne o el insoportable dolor del desmembramiento o el desgarramiento sobre la piel erizada. Así mismo, vertebrado al sonido de manera uniforme, también sabemos valorar la delicadeza de la banda sonora orquestada por un sorprendente Rupert Gregson-Williams, la cual sabe conjugar instantes donde la lírica juega un discreto pero intrusivo papel junto a las distintas variaciones que ilustran la batalla, en las cuales relucen paisajes tenebrosos vertebrados a sinfonías pretendidamente épicas.

 La enfatización del discurso pacifista, verdadero (?) leit motiv del filme, mediante el contraste de sus dos segmentos; así como la primera parte de la película llega a plantear alguna resistencia sobre la conveniencia de llevar a primera fila de combate a un soldado pacifista (no así de los motivos que impulsan a nuestro héroe a mostrarse inflexible en su determinación), en la segunda mitad observaremos como dicho convencimiento sale claramente victorioso ante la irracionalidad y el horror derivado de la guerra,  veremos como la valentía de los gestos del héroe (incluso llegando a tocar brevemente un fusil para improvisar una camilla) contrastan con la insolidaridad y la falta de nobleza del rigor militar, cuyo cálculo y táctica lleva a dejar desasistidos ante su fatal destinos a compañeros y compatriotas. En este juego de acciones, de decisiones ordenadas y acatadas con honor versus acciones impulsadas libremente desde la nobleza de espíritu sale claramente victoriosa la perspectiva de Desmond Doss.



         


No nos ha acaba de convencer

La cerrada simbiosis entre pacifismo y catolicismo que desprende el filme, aun siendo biográficamente verídica, ya que ésta acaba permeabilizando toda la trama, siempre con la Biblia como signo fundamental de sostén de la mano del héroe. En este sentido, emana más tufo a moralina doctrinal la primera parte de la película, siendo un poco vergonzante la presencia de la Biblia en paisajes ciertamente increíbles (el encierro en la celda, por ejemplo) o el ñoño halo a castidad impostada en la relación entre Desmond y su prometida Rachel. Más que la fe o la intervención divina dirigiendo nuestros destinos, creemos que hubiera sido algo más apropiado señalar la inexorabilidad de las convicciones humanas, el valor supremo de la voluntad y el tesón del ser humano hasta límites inimaginables e inhumanos como principales conceptos de esta historia de reafirmación pacifista.

La insustancialidad de los actores de reparto que acompañan a Andrew Garfield, escasamente definidos mediante unas acciones que rellenan algunas secuencias poco interesantes y que más bien no aportan nada al desarrollo del relato, como la pugna entre compañeros en el entrenamiento inicial o el metraje otorgado a configurar a la novia de Desmond.

 La típica americanización del relato, estableciendo una vez más una clara dicotomía entre buenos y malos, entre intrépidos y desalmados. Los gestos y acciones de los japoneses, las artimañas para engatusar al enemigo, su ardid en la construcción de los secretos túneles presentados como algo novedoso en la guerra o tramposamente nocivo, contrastan de manera evidente con el empuje, la valentía, el pundonor hasta el último aliento de la fuerza aliada, cuya nobleza no se pone en entredicho ni tan siquiera en los épicos bombardeos desde los buques de guerra.

 
 Nuestro veredicto: 7,3


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