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Fury

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Corazones de hierro (Fury, David Ayer, USA, 2014)

 


En el ocaso de la Segunda Guerra Mundial, una unidad acorazada se desplaza hacia el corazón de la contienda con el importante lastre de la dura experiencia sufrida hasta el momento, encarnada en sus cuatro ocupantes. La llegada de un novato antibelicista y los sucesos que ocurren desde entonces representarán una analogía del viaje del alma humana desde la luz de la inocencia hacia ella oscuridad del horror y la aberración del ser…

 
 David Ayer es oficio, mucho arte, el que tan solo puede acreditar una habilidad innata tras tan sólo cuatro películas en su haber, dos de ellas excelentes radiografías de la contradicciones urbanas y la violencia no sense causadas por lucha diaria en pos de la supervivencia o pertenencia a un grupo social determinado, o bien por el mantenimiento del propio estatus aun a costa de derribar todas las barreras éticas individuales. Pero todo lo que en Training Day (2001) o en End of Watch (2012) subyacía bajo el aspecto de trepidante thriller urbano emerge a la superficie en la última y óptima particular autoría del guionista y director norteamericano.
 
 Por si todo estas credenciales no fueran suficientes, Fury (2014) se apoya en una bella BSO generada por Steven Price, autor de la sobrecogedora e impactante composición que envuelve la tensa y excelentísima Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), de la oscura fotografía de Roman Vasyanov (alejado de los claros tonos quemados de End of Watch o los ocres desenfocados de la infravalorada The East (Zat Batmanglij, 2013) y, fundamentalmente, de la labor y buen hacer interpretativo de sus protagonistas, especialmente del polifacético y siempre interesante Brad Pitt.
 
 Enmarcada en un buena ambientación de lugares, el diseño de producción sumerge a los protagonistas del filme en escenarios donde el impacto de la contienda bélica ha dejado tras su paso una yermo panorama de desesperanza para el alma, lugares que conjugan a la perfección con la sudorosa opresión latente en el interior del tanque y, sobre todo, con la desesperanzada y melancólica actitud de los actores de este paisaje con presente continuo y sin futuro. El horror de la guerra, de esa y todas las guerras, sin tapujos ni arreglos poéticos ni artísticos, pocas veces se ha mostrado con tanta claridad, sin embellecimiento alguno, como en esta obra. Postales áridas, ásperas, como los fotogramas del exilio de la masa civil contra los artefactos invasores, o los asesinatos contra el raciocinio más básico que se muestran con la entrada del séquito a la ciudad, muestran de manera latente la faceta más personal, la intención del filme mediante la reflexión más íntima del autor, sobre la propia acción del filme, gravada mediante hábiles recursos como los excelentes angulares o los picados sobre los tanques, pero que restan en un claro segundo lugar.

 


 
 La secuencia central desarrollada en la ciudad, en este caso, se erige como un auténtico punto de ruptura temático. Por una parte, sirve para perfilar los distintos y contrapuestos caracteres de los ocupantes del tanque, desplegando con tosquedad e incomodidad los viejos rencores y diferentes posturas vitales que distancian a los mismos, unidos tan sólo por la común huida hacia delante en busca de una posible salvación del ser y la “carne” (los más rupestres y salvajes Grady “Rata” Travis y Trini “Gordo” García, los menos descompuestos, aparentemente, por los horrores de la guerra ) y el alma y el sustrato ético (los más instruidos y con unas creencias más firmes, Boyd ”Biblia” Swan y Don ”Chacal” Collier) imposible de conseguir en ese marco. En medio de este contraste, el elemento externo que define y perfila lo sustancial de sus cuatro nuevos compañeros a través de una evolución desde lo racional hacia la barbarie más absurda y cruel, (Norman “Máquina” Ellison) y en donde el único valor a dignificar y ensalzar es acaso el compañerismo y la lealtad hacia unos propósitos firmemente aceptados.
 
 Al final, como en todas las batallas, no hay ni vencedores ni vencidos, tan sólo damnificados, tan sólo el horror de contemplar vidas humanas devastadas sin ninguna justificación, proyectos de vida exterminados por razón de unos falsos ideales y unos objetivos ruines. En definitiva, cine de estudio mezclado con habilidad por la personalísima huella de su director, cine de autor con suficientes dosis de espectáculo bélico que dejará satisfechos a todos cuantos busquen en esta obra una buena película de acción bélica con reflexión ética tópica pero no por ello menos justificada.
Dirigida por David Ayer
Guión original de David Ayer // Producida por Columbia Pictures, QED International, LStar Capital// Fotografía: Roman Vasyanov // Música: Steven Price // Montaje: Jay Cassidy, Dody Dorn // Vestuario: Maja Meschede, Anna B. Sheppard// Diseño de producción: Andrew Menzies // Dirección artística: Phil Harvey, Mark Scruton // 128 minutos.
Reparto: Brad Pitt, Logan Lerman, Shia LaBeouf, Jon Bernthal, Michael Peña, Xavier Samuel, Scott Eastwood, Jonathan Bailey, Branko Tomovic, Adam Ganne, Jim Parrack, Laurence Spellman, Brad William Henke, Kevin Vance, Jason Isaacs, Anamaria Marinca, Alicia von Rittberg, Daniel Betts, Stella Stocker.
Localizaciones de rodaje: Oxfordshire, England, UK (army camp); London, England, UK;
Bovingdon Airfield, Bovingdon, Hertfordshire, England, UK (On location); Watlington, Oxfordshire, England, UK; Los Angeles, California, USA; Pinewood Studios, Iver Heath, Buckinghamshire, England, UK (studio).
World Premiere: 15/10/2014 (Washington D.C., Washington - USA)
Box Office (5/2016): Producción: $68 millones // Recaudación mundial: $212 millones.
Valoraciones artísticas: Imdb (7,6/10), Filmaffinity (6,6/10), Rotten Tomatoes (76%)



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