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Figuras Ocultas

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    9 pelÍculas para 1 destino:  OSCARS 2017







Figuras ocultas

(Hidden Figures, Theodore Melfi, USA, 2016)




En pocas palabras

Katherine G. Johnson (Taraji P. Henson), Dorothy Vaughn (Octavia Spencer) y Mary Jackson (Janelle Monae) son tres peculiares mujeres de fuerte carácter y decidida ambición, con suficiente arrojo como para defender un puesto de trabajo que exige fuerte responsabilidad de sol a sol y, al mismo, tiempo dedicar las escasas horas restantes del día a cumplir con sus obligaciones familiares o formarse intelectualmente con ahínco. Llevan su amistad más allá de su trabajo y comparten con optimismo y buen humor la lacra de la segregación racial americana en la década de los sesenta, con una fuerte rémora en sus biografías: son mujeres, son afroamericanas y son, sobre todo, muy perspicaces e inteligentes. A pesar de ello, las tres trabajan recluidas en un humilde sótano en las instalaciones que la NASA tiene en Langley, Virginia, justo en la época de la insensata y desenfrenada guerra fría entre rusos y americanos, con el pulso por ser los primeros y tener la primacía del espacio como objetivo exclusivo de ambos. No obstante, una serie de circunstancias las promocionarán a otras secciones de la agencia espacial de mayor calado, topándose frontalmente con la indiferencia, el rechazo y las dificultades para medrar a pesar de sus talentos. Pero su valor, esfuerzo y persistencia lograrán revertir la situación, convirtiéndose en ocultas pero fundamentales figuras propulsoras del proyecto espacial norteamericano justo en el momento de mayor dificultad, revertiendo la opinión estereotipada que gravita sobre ellas al mismo tiempo que avanzan felizmente en su estabilidad emocional.

Nos ha gustado

 
El desarrollo de un guion estupendo y el montaje empleado, los cuales consiguen elevar la película algunos grados más de lo que inicialmente cabía suponer por su premisa, un relato que llevado al terreno del celuloide al uso, de un modo habitual y cansinamente monótono, pudiera haberse quedado como un buen telefilme de primera categoría. Ciertamente, los mimbres que vertebran el tejido del proyecto son sólidamente emotivos, biográficamente sostenibles y empáticos, sumamente interesante en su ropaje histórico, pero la brillantez del libreto y el hábil montaje al que se recurre, alternativamente vigoroso, acaban consiguiendo unos resultados muy por encima de la media de este tipo de productos.

Su acertada labor de casting, los cuales acaban adecuando un perfil autónomo de personajes a unas interpretaciones que acaban por singularizarlos. A la siempre eficiente y expresiva Octavia Spencer se le une en esta ocasión la buena interpretación de Taraji P. Henson, la cual extrae una gran vehemencia interior para representar una evolución de su personaje y, principalmente, el buen hacer de Janelle Monáe, la cual parece haber sido agraciada con una varita mágica en el 2016, año en el que ha tenido la oportunidad de representar dos papeles de gran poderío sustancial, éste y el de Moonlight (Barry Jenkins, USA, 2016) junto a Mahershala Ali, el actor de color del momento, quien también tiene un pequeño pero destacable papel en Hidden Figures. Si incluso destaca en su rol el otrora alabado y ahora olvidado Kevin Costner…

 La concisa y detallista ambientación, con un remarcable, aún en su minimalismo, diseño de vestuario, siempre adusto pero adecuado, magnífico envoltorio que nos traslada y nos sitúa a los años sesenta menos informales y más profesionales, destacando también su precepción del ámbito familiar o el espacio de ocio.



         


No nos ha acaba de convencer

 
Prácticamente nada, ya que esta historia “basada en hechos reales” destaca por aprobar agradablemente en todo pero no sobresalir especialmente en nada, quedando unos cuantos pasos más allá de la ñoñería amable que presentan algunas comedias de sobremesa temáticamente similares, presentando a su vez un enfoque distinto pero igualmente valido acerca de las consecuencias de la división racial en la segunda mitad del siglo XX norteamericano; el odio desacerbado y los actos más deleznables existieron, ciertamente, hasta la consecución de la igualdad en ciertos derechos civiles fundamentales a mediados de los sesenta (época coetánea al filme), pero la segregación estadounidense y la discriminación racial se presentaban también en la sociedad civil de una manera más amable, sin debate posible, como una realidad natural que no admitía discusión y si tendía de manera categórica hacía términos de pacífica sumisión.

 Por último, cabe mencionar que su edición, formal y rigurosa, hace que se eleve por encima de los estándares; su propuesta social, sin decantarse ni emitir veredictos tendenciosos, junto a su desarrollo levemente melodramático, la erigen como producto de consumo de alta calidad. Pero, ¿realmente este es uno de los nueve mejores filmes del 2016? Uhmmmmm…

 
 Nuestro veredicto: 6,8


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