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El nacimiento de una nación

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El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation, Nate Parker, USA, 2016)

 
 
El Poder de la Palabra

 
 
Sinopsis
 
 El esclavo Nate Turner (Nate Parker) tuvo la suerte de nacer al mismo tiempo que el heredero de la plantación sureña a la que pertenece. Osado y muy curioso, será tutelado por su propia dueña (Penélope Ann Miller) con el fin de alfabetizarlo dado el gran interés mostrado, al tiempo que entretiene a su hijo Samuel (Armie Hammer). Ya adulto, con mujer e hijo, cederá sus habilidades como predicador al servicio del amo Samuel en una gira por otras plantaciones de Virginia para someter con el atemorizante poder de la palabra divina a esclavos rebeldes. Pero una dolorosa verdad se abrirá ante sus ojos, la horrorosa evidencia de como esos seres humanos son considerados tal cual meros pedazos de carne que deben permitir vejaciones múltiples hasta reventar. Esa hiriente realidad alterará su corazón de tal manera que decidirá intervenir, a través de su elocuencia, para exterminar ese mal de manera radical, convenciendo y reuniendo a valientes esclavos de otras plantaciones a levantarse en armas contra sus amos, a pesar de que su plácida vida ya nunca más volverá a ser lo que fue.

 
Conceptos
 
A través de su propio preámbulo el director ya nos avanza el desarrollo posterior del proyecto, así como la narrativa uniforme que preservará el filme, con escasas lecturas más allá de lo gráficamente evidente. Predestinado por oráculos ancestrales como Profeta o liberador de mentes, ya en su niñez, y situado en el marco histórico (principios del S.XIX) y espacial (Southampton, Virginia) del esclavismo más arraigado, el espectador comprende que el protagonista y hacedor de éste relato adquiere un papel relevante que tarde o temprano deberá asumir más allá de las irrealmente idílicas escenas ideales. El proceso de metamorfosis que experimentará irá acompañado de causas que lo empujarán a tomar las valientes decisiones finales, situaciones que se suceden en un marco conceptual determinado.

Inconsistencia. Nate debe aceptar un primer giro drástico vital cuando, tras la muerte del reverendo y Señor de su hacienda, es despojado del trato preferente que le brindaba su esposa y destinado a su condición natural como fuerza bruta recolectora, como uno más de la clase a la que pertenece. Aún bajo la protección del Sr. Samuel, no obstante, tomará conciencia de lo afortunados que son él y su entorno, pudiendo llevar una existencia pobre pero respetada a cambio de su duro trabajo, llegando incluso a conseguir formar una familia propia tras su unión con la bella Cherry (Aja Naomi King), junto a su pequeño hijo. Pero nada es inmutable, la vida quema etapas y con ellas cumple ciclos alternados, y eso es lo primero que adivinamos en este film: las malas cosechas llevan a la caída de la estabilidad económica de la plantación, con ella llega la escasez de medios de subsistencia, las  insatisfacciones ante el status perdido, la adopción de obligaciones contra natura y finalmente a la rabia y la rebeldía. Todo cambia, y nuestra capacidad para adaptarnos a nuevas circunstancias marcan nuestro devenir biográfico de manera decisiva, en ocasiones trascendente, tal y como ocurre con Nate.   

Evidencia. Partiendo de la dicotomía tradicional entre amos y esclavos, los primeros no concebían bajo ninguna circunstancia el supuesto de otorgar a los segundos, como raza inferior bajo su absoluto dominio, la capacidad de pensar y decidir libremente, en gran parte sustentando este razonamiento en la premisa de inferioridad intelectual o analfabetismo de la inmensa mayoría de todos ellos. Por tanto, no debe extrañarnos la naturalidad con la cual se asume que Nate obedecerá los designios de Samuel por el bien de su propietario y el suyo propio, sin siquiera plantearse la posibilidad de que la dura realidad pueda llegar a afectar de tal modo el espíritu conciliador de Nate y empujarlo a elucubrar un descabellado plan en pos de un bien mayor. Es todo lo que hay, está establecido así por voluntad divina, y su propia soberbia y ceguera les imposibilita a ver venir la tormenta.
Ciertamente, la evidencia será demasiado descarnada, brutalmente esclarecedora, ante los ojos del alma del predicador, el cual mantendrá un breve e intenso dilema interno acerca de la relativa estabilidad de su vida y las humillantes injusticias a las que son sometidos aquellos que han tenido menos suerte que él y los suyos, dudas que se quebrarán definitivamente en el instante de la inanición, de la desesperada pérdida de valores de su amo Samuel, ante la pasividad y el consentimiento que muestra en la brutal violación y paliza que sufre su esposa y la cosificación amoral de sus esclavos, tratados como eso mismo a cambio de promesas económicas. Finalmente, el detonador será el cruel y desproporcionado castigo que le acaba infligiendo a Nate por hacer un acto inmisericorde, pacíficamente cristiano, como es el del bautizo aun hombre blanco.

Dignidad y valor. Por tanto, ¿debe no afrontar cara a cara el horror naturalizado de la tortura, predicando falsos aforismos con el fin de apaciguar cualquier inimaginable intento de rebeldía fin, todo por preservar su fingida estabilidad?, ¿o bien debe escuchar la zozobra de su propio espíritu, aceptando su propia sed de venganza, de aplacar furiosamente la ira ante la magnitud del horror visto? La decisión, aunque evidente, no es fácil, ya que más allá del acopio de coraje que debe buscarse en lo más profundo de las entrañas se encuentra el hecho irrefutable de las terribles consecuencias que concurrirán sobre él y los suyos si no se acaba consiguiendo el utópico objetivo de la libertad. Pero no debe haber más alternativa ante la perspectiva de un futuro humanamente insoportable que la del firme convencimiento y la valentía de que “quien a hierro mata, a hierro debe morir”, tal y como exigen los preceptos divinos que gravitan sobre cualquier ley o mandato brotado por la infamia humana.



    

 
El Personaje
 
 Nate Turner es el personaje histórico que retrata este biopic ficcionado, uno de los incipientes brotes que anunciarían con determinación y valentía, mediante su actitud de rebeldía, algunas de las causas de la posterior Guerra de Secesión que se libraría entre el Sur Confederado y el Norte de América varias décadas más tarde. Ciertamente, todo cambio estructural histórico se alimenta de pequeñas y heroicas micro historias, algunas más cercanas a lo legendario que a lo fidedigno, y la de Nate Parker es una de ellas. La evolución de un estado cómodo y apático, rozando la complacencia se verá afectado tras ver la crueldad y el horror confrontadas a la pacífica palabra del Señor, viéndose afectado directamente cuando ese ultraje sin justicia afecte directamente a su entorno más cercano; el proceso de transformación anímica, el paso de la palabra a la acción, quedarán óptimamente ejemplarizados gracias, entre otros valores del filme, al estupendo trabajo de interpretación del propio director y guionista, Nate Parker, el cual consigue con su opera prima en largo brillantes resultados.

 
La toma / la secuencia
 
 Sin duda, la secuencia más impactante del filme es la que supone el momento de ruptura, aquel instante en el que la figura del predicador Nate adquiere un relieve cálidamente humano, en el que observamos que algo se mueve en sus entrañas, en el que su placida existencia se quiebra ante el enfurecido sermón que vierte sobre las famélicas sombras de los que antaño fueron hombres y mujeres con una dignidad propia, una prédica que anuncia la implacable cólera que se avecina sobre los que injustamente abusan de su poder de manera arbitraria y vejatoria, sobre todo tras ver la imagen del cobertizo donde dos esclavos son tratados y alimentados con menos consideración que cualquier animal. Las lágrimas que brotan de sus ojos tienen su origen en su corazón dañado, en su espíritu golpeado, y anuncian cual primeras gotas de tormenta un cambio de temperamento sin posibilidad de vuelta atrás.
 
La valoración
 
 La labor de montaje y, por encima del resto, el magnífico trabajo de iluminación y fotografía consiguen dotar de un aura de lirismo la primera parte del filme, aquella que relata los aspectos menos escabrosos, más costumbristas y menos duros del filme, variando a una iluminación mucho más tenue el segundo segmento del relato, aquel que trata de la conspiración, la rebeldía y la tragedia final. Esa admirable conjugación de perspectivas se ve enfatizada con unas ajustadas interpretaciones y, lamentablemente, lastrada por una falta de consistencia en el desarrollo de su trama, bien desarrollada pero sin apenas novedades en el tratamiento de un relato ya trasladado a la gran pantalla con anterioridad. En conjunto, la historia no consigue calar bien a fondo, quedando la impresión final de que algo más quedó por mostrar.

 
 
Nuestra nota: 6,90


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