Blade Runner 2049 - Travelling circular

Travelling circular
Vaya al Contenido

Menu Principal:

Blade Runner 2049

Impresiones / Reseñas > Gran Angular > Fantástico





 
Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, USA / Reino Unido / Hungría / Canadá, 2017)


 
 
Sinopsis (de qué va)

 
Treinta años después de los eventos del primer film, un nuevo Blade Runner, K (Ryan Gosling) descubre un secreto profundamente oculto que podría suponer un punto y aparte para la civilización de 2049 y, a la postre, terminar con el caos que impera en la sociedad. Dicho hallazgo le llevará a iniciar una investigación con el fin de desenmascarar el enigma planteado, conduciéndolo hasta la mismísima  Wallace Corporation, responsable de la inserción social de los nuevos modelos de Replicantes, así como también a la búsqueda de Rick Deckard (Harrison Ford), un Blade Runner al que se le perdió la pista hace 30 años.


 
Sus hechizos

·  La dignidad con la que se construye un nuevo relato, el cual acaba vertebrándose de manera fluida y coherente con su predecesor, todo un mítico y majestuoso guion.
·  El trabajo de dirección, el cual consigue entrelazar con el nervio y dinamismo que requiere el tenso desarrollo del buen cine de género, de éste gran thriller.
·  La dirección técnica, con un sorprendente y sobresaliente trabajo en el apartado de los innovadores efectos visuales o especiales.
·  La maravillosa fotografía, retratando un mundo sombrío y oscuro que se deshace en pedazos lenta pero inexorablemente.
·  Las interpretaciones, frías, taciturnas e inexpresivas en los seres artificiales, en contraste con la pasión que despierta el gesto violento y la acción de lo orgánico.

   
Sus desaciertos

· La pérdida de carga mítica y anímica con respecto a su antecesor, a pesar de buscarlo.
· La deriva y firme constitución de un nuevo relato fundacional que contiene depuradas formas ortodoxas de un cine más potente pero menos simbólico.
· La escena del movimiento clandestino revolucionario replicante, ajena e impropia del ritmo y dirección de la propia cinta.

 
 
Primeras impresiones
 
Las sensaciones generales despertadas tras el arranque de la  nueva película heredera de la mítica cinta de ciencia ficción Blade Runner, basado en el popular relato de Philip K. Dick , fueron contrapuestas: por un lado, naturalmente, existía la desconfianza propia de aquel que ha erigido al pedestal de imperecedera obra de arte la maravillosa adaptación original de 1982, el recelo ante el posible sacrilegio de desarraigar en relieve aspectos de aquella para cimentar el nuevo filme, y el temor a que esto pudiera cuestionar o malmeter elementos clave pertenecientes a la narrativa de la obra de Ridley Scott; por otro lado, la contrastada garantía de calidad asegurada por el capataz de la nueva cinta, el canadiense Denis Villeneuve, notable visionario conceptual en el apartado visual, acreditado con suficiencia en sus anteriores proyectos debido al profundo minimalismo emocional que irradian.
 
En este caso dicha controversia, vistos los resultados finales, se ha disuelto como azúcar en el agua, visto el respeto con el que se tratado el material original, saliendo indemne de cuestionamiento alguno. Blade Runner 2049 se constituye con absoluta personalidad autónoma como un filme que presenta habilidosamente la virtud de plantear enigmáticas cuestiones trascendentales a partir de una evolución natural del primer relato, sin ahondar en fútiles y contraproducentes apropiamientos indebidos; en este sentido, cabe decir que es un producto que tiene su razón de ser, de nuevo, más en la parte anímica que en la racional, estableciendo una historia fundacional singular a partir de dejar abiertas en su cierre todas sus líneas narrativas (en definitiva, que futuro próximo deben esperar el moribundo agente K, si habrá relación y de qué tipo entre Deckard y su hija Stelline, cuál será el siguiente paso del gélido y pérfido Niander Wallace y si al final debemos esperar una rebelión definitiva de los antiguos Replicantes).
 
La dinámica de la narrativa ofrece dos interesantes niveles. Por un lado tenemos el revestimiento de género impreso en la factura final del filme, con un pulso de thriller realizado con nervio templado tan sólo en algunas secuencias del mismo, fragmentando interesantes escenas de acción sabiamente dispersas a lo largo de todo el arco narrativo junto a otros segmentos más reflexivos, alternando los tiempos de la memoria, el acelerado tiempo actual y el tenebroso futuro demasiado próximo; por otro lado, en el aspecto más formal, podemos señalar toda la rica lectura humanística contemporánea que se desprende de su propio relato de ficción, una amalgama de cuestiones que actualizan y engrandecen las anteriores o primitivas, cuestionando el papel de una conciencia ya plenamente constituida en seres artificiales que no debaten ya sobre el derecho a la igualdad con lo enteramente orgánico sino, con pleno derecho adquirido, sobre sus propias diatribas metafísicas o de identidad individual.
 
El proyecto alcanza sus cotas más altas, no obstante, en su soberbio y elegante dominio del apartado visual. La nueva presentación de Los Ángeles treinta años después mantiene el aspecto caótico y decadente de su antecesora y lo acentúa abriendo la panorámica de par en par, presentando nuevos escenarios exteriores en los dominios del enorme vertedero degradado de San Diego o el inhóspito y contaminado escenario de Las Vegas. Con un diseño de producción detallista y preciso hasta el extremo de la perfección (la tierra en las uñas de K cuando observa las fotos así lo acredita), los sets interiores de las cúpulas / factorías de reciclaje y el interior del casino donde se refugia Deckard son un prodigio de acertado diseño visual, acompañados de la exquisita fotografía de contrastes realizada por el prestigioso y afamado Roger Deakins; tenebrosas y nocturnas instantáneas externas plenamente neo-noir se conjugan grácilmente con acuosas fluorescencias y apagadas estancias interiores, aprovechándose en todo momento de un notable trabajo en el capítulo de la iluminación.
 
Al hilo de este aspecto, también es necesario destacar el fantástico resultado obtenido en el ámbito de sus efectos especiales digitales, con una vertebración sorprendentemente natural, por fantástica y novedosa, entre imagen real y generada por ordenador. Sobrecogedora se presenta la hibridación entre Joi, su platónico amor holográfico, y Mariette, una escort seleccionada por la primera para “carnalizar” los deseos de consumación entre ella y K, con una fluida superposición de ambas figuras en movimiento, o la gigantescas holografías callejeras perfectamente ensambladas junto a la imagen real en movimiento.

Por último y no menos importante, se antoja preciso mencionar la perfecta caracterización de los diferentes roles que aparecen en pantalla, acusados de manera notoria por unas interpretaciones que se ajustan a los prototipos de cada uno de esos perfiles, con una clara voluntad de perfilar la distinta naturaleza de replicantes y humanos mediante el temperamento de unos y otros: entre la inanimada frialdad reflexiva de los primeros (K), en contraste con la apasionada determinación de los humanos (Joshi), situaríamos a los Replicantes originales, a aquellos modelos antiguos que en su ambigua imperfección retienen ambiguos trazos que nos remiten a alternativamente a algunas de las características propias de unos y otros. En definitiva, la construcción del carácter se ajusta más a la delimitación de unos cánones genéricos que no a una apurada individualización de la interpretación, de manera muy acorde al espíritu de la narrativa de la propia película.


Nuestra valoración · 8,6

En definitiva, tal y como señalábamos al principio, nos encontramos ante un film con fuerte personalidad propia, que no existe ajeno a su predecesor pero sí que funciona, desde el respeto, con una soberbia dignidad emancipada. Tuvimos la fortuna y el placer de asistir a su estreno en una sesión doble (Blade Runner + Blade Runner 2049) programada en el único y fantástico Phenomena y podemos decir, sin ninguna duda, que asistimos a dos satisfactorias aunque distintas experiencias. La de Ridley Scott es pausa, deleite calmado y precisión original, magnitud sonora y rabiosa e institucional originalidad visual, profundidad reflexiva y mítica fundacional; la que nos ocupa es dinamismo, adscripción decidida al thriller sin dejar de lado el fantástico, siembra de elementos a raíz del polen desprendido de la primera, fastuosa potencia visual y remarcación de lo anímico sobre lo reflexivo. Sobresalientes ambas, aunque a mi gusto y parecer más redonda la clásica de 1982, sin ceder al superficial entretenimiento añadido ni un milímetro (sinceramente, la escena de los insurrectos resurgentes de Freysa chirría en el tono general, se adscribe a otro tipo de filmes…), Blade Runner 2049 merece por muchos motivos figurar entre los grandes a conservar en la retina por muchos años.




sin comentarios
 
Buscar
Regreso al contenido | Regreso al menu principal