Aloys - Travelling circular

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Aloys

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Aloys (Tobias Nölle, Suiza / Francia, 2016)

En pocas palabras

 Aloys Adorn ejerce de detective privado y es un ser solitario, frío y metódico, con una existencia minimalista plagada de pequeños e insignificantes gestos, el cual rehúye el contacto social de una manera radical, en profundo contraste con su único entretenimiento y secreta obsesión, la intromisión en las vidas privadas ajenas desde la distancia a través de los registros obtenidos con su videocámara fruto de su trabajo. La severa y amenazante figura paternal, a través de la inquisitoria mirada registrada también en sus grabaciones domésticas, le atormentan interiormente y configuran con toda seguridad su carácter de manera grave.
 Su ordenado microcosmos vital entrará en aguda crisis cuando, tras el fallecimiento de su padre y abrumado por una intensa soledad, se adormece debido a los efectos del alcohol en un autobús y le sustraen su videocámara y las cintas. Desesperado, deberá hacer frente a los deseos de una misteriosa presencia femenina quién, a través de una relación que se establece telefónicamente, le ofrece devolverle sus objetos a cambio de emprender un viaje demasiado real a través de sensaciones imaginadas, construidas a la par de esa extraña relación entre ambos. ¿Será capaz Aloys de dejar de vivir la vida de los otros y comenzar a construir su propia biografía social.


    


Valores (porqué vale la pena)

-      Por su constante y leve insinuación de lugares narrativos ofreciendo un espacio de participación al espectador, con el fin de que se implique y complete el relato desde su propia experiencia.
-    Gracias a la capacidad de construir un entorno visual excepcionalmente misterioso mediante pocos elementos representativos, evocando y encumbrando continuamente la importancia de la imaginación.
-    Por la acertada vertebración entre dos lugares tan antagónicos como lo son el de la realidad más opresiva y la fantasía más desbordante y liberadora.
-       Por el significativo empleo del sonido como herramienta fundamental para la historia.

Defectos (porqué no se retiene)

-      Por la cadencia de su ritmo de desarrollo, sin novedades ni circunstancias de peso que alteren el discurso establecido hasta la mitad del metraje, pueden ceder paso al tedio para la mayoría de espectadores
-      Debido a la inconcreción formal, explícita, de su propuesta, la cual muestra una interesante premisa, la desarrolla de manera hipnótica y brillante durante los primeros cuarenta minutos pero no avanza hacia ningún lado a partir de entonces
-      Si el espectador no consigue entrar en la dinámica propuesta, la duración del filme puede resultar interminable, dando el relato para un mediometraje si acaso.

Nuestra valoración subjetiva

-         En su género: ambientación singular, dualidad fantasía /realidad, sonido  = 6,5
-         De manera genérica: guion encallado, mejorable diseño de producción = 4,5





Consideraciones

 Aloys no es una película fácil ni cómoda, no es una obra apta para todas las sensibilidades debido al lento ritmo de su desarrollo, el cual queda justificado, no obstante, debido a la minimalista colección de acciones y sucesos que rodean la existencia de su protagonista, donde el hábito vouyerístico ocupa la frecuencia diaria en toda amplitud, justo hasta el momento de la ruptura vital debido a la intromisión de un agente externo (su vecina) en su microentorno. Construido como el retrato de un autismo emocional debido a ciertas circunstancias biográficas que se eluden pero se adivinan (la relación con el autoritarismo paterno es evidente a través de la férrea y dominante mirada del padre en vida) y que configuran la repulsión interna de esa sombra de ciudadano, el relato por sí mismo ya exige un esfuerzo de empatía e implicación adicional, difícil de asumir por la una amplia mayoría de espectadores, con toda seguridad.
 Sin embargo, es precisamente en el enfoque otorgado a su temática de donde podemos extraer los valores más óptimos de este filme. Situado en su zona de confort, delimitado en el refugio social de su hogar donde se deleita violentando la vida ajena a través de las imágenes grabadas por su videocámara, Aloys pasa anodinamente su propia existencia observando los gestos, las acciones ordinarias de los otros interrelacionados entre sí, sin llegar a cuestionar su propia y solitaria actitud, hasta el punto de insistir de manera determinante en ese rechazo al ser humano, evitando cualquier signo de socialización con absoluta convicción. Pero una rendija se abrirá en ese férreo muro construido alrededor de sí mismo gracias a la pérdida de su leit motiv vital, mediante el robo forzado de la única herramienta y los únicos elementos que lo conectan con la realidad externa aún mediante una distancia inquebrantable, iniciándose un lento proceso de contacto con lo humano a través de la creación de espacios mentales alternativos. Y es en este punto donde la obra se erige llena de sentido, con personalidad propia y singularidad autónoma frente a otros filmes de temáticas similares, como A Beautiful Mind (Ron Howard, USA, 2001), Spider (David Cronenberg, Canadá / Reino Unido / Francia, 2002) o Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, USA, 2004), por citar tan sólo tres extraordinarios ejemplos contemporáneos con desarrollos muy distintos.
 En todos los casos mencionados, por un motivo u otro el ser resta perdido en la bruma de la ilusión paranoide, alejado sin apenas remisión del fundamental sustrato social que configura la existencia de cualquier ser humano, desde los habitantes de una comunidad aborigen hasta el ciudadano occidental de una gran urbe, el intercambio y la interrelación colectiva entre semejantes. La última toma del filme de Nölle sugiere que se originado, han construido entre nuestro protagonista y la persona que lo arroja al abismo de la existencia, una vía de escape a esa enfermiza actitud, dejando abierta la posibilidad real de que ambos puedan iniciar un nuevo camino de apertura hacia el exterior. Para ello, es muy interesante el planteamiento propuesto por el director suizo a la hora de confrontar la realidad mediante la fría esterilidad, la artificiosa irrealidad del entorno urbano (mostrado con una fotografía pálida, con una ausencia destacable del color para realzar la sensación de inexistencia) con la ficción del espacio imaginario irreal, mediante una cálida e intensa paleta de colores para representar una naturaleza llena de vida y abierta a todo tipo de posibilidades, así como el sueño forzado por la vecina de lograr una iniciación de los gestos cotidianos hacia la socialización (la intromisión de más elementos foráneos en su hábitat natural mediante la fiesta, a pesar del disgusto de Aloys).
 Al margen de su aspecto sorprendente aspecto visual, otro de los singulares valores dignos de reconocimiento de este filme es, sin ninguna duda, el magnífico diseño de sonido que acredita a lo largo del metraje, fundamental para el desarrollo de Aloys. Las señales auditivas que surgen de la relación telefónica entre ambos protagonistas originan nuevos espacios físicos compartidos a nivel mental, consiguiendo abstraerlos de la insoportable realidad para transportarlos espacialmente al mismo, sorprendentemente excepcional para lo exigible en un proyecto de estas características, evocación de realidades oníricas. De este modo, los pequeños sonidos surgidos de esa fantasía son altamente significativos, presentándose como pequeños y útiles resortes que despiertan la conciencia hacia el otro.
 En definitiva, el logro que fundamenta todo el proyecto es la habilidad mostrada para mantener una línea de tensión narrativa uniforme, constante (a pesar de que pueda defraudar su resultado final, excesivamente inconcreto) que vertebra de manera brillante dos realidades transgredidas, enfrentadas con sus roles cambiados, la real y la ficcionada, como representación de la insoportable levedad del ser humano a la hora de enfrentarse como una pieza más de un colectivo o entorno, con la angustia existencial provocada por el miedo al vacío de la desintegración de la sustancia personal e intransferible.

Dirigida por Tobias Nölle
Guion de Tobias Nölle // Producida por Hugofilm Productions // Fotografía: Simon Guy Fässler // Música: Tom Huber / Beat Jegen // Montaje: Tobias Nölle // Diseño de producción: Su Erdt // Vestuario: Leonie Zykan // 91 minutos.
Reparto: Georg Friedrich, Tilde von Overbeck, Kamil Krejcí, Yufei Li, Koi Lee, Sebastian Krähenbühl, Karl Friedrich, Peter Zumstein, Agnes Lampkin, Rahel Hubacher
World Premiere: 13/02/2016 (Berlin IFF, Berlín, Alemania.
Box Office (12/2016): Producción: S/D // Recaudación mundial: S/D
Valoraciones artísticas: Imdb (5,9), Filmaffinity (6,6)



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